Dec 02
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Un falso médico armó una red de engaños.

Aunque solo lo observó un par de veces hace más de ocho años, su rostro se le quedó grabado. Era pequeño, de tez blanca, con ojos celestes achinados y tenía el cabello encanecido.

Así recuerda el médico Richard Rothembach a Gerardo Quirola, un supuesto estafador que no solo usurpó su identidad sino también su profesión, desde 1999.

“El 22 de noviembre pasado, lo volví a ver en las gradas eléctricas del Centro Comercial El Condado. Yo bajaba y él subía. Primero me saludó con una venia y después intentó huir, pero lo atrapé en los parqueaderos hasta que llegaron los agentes policiales”.

Esta es la quinta vez que Quirola se encuentra detenido. El coronel Rodrigo Tamayo, jefe de la Policía Judicial de Pichincha, asegura que este hombre estuvo preso tres veces en 1994, acusado por estafa. En junio de este año también fue encerrado por un robo.

En la última detención fue acusado de delito flagrante por los cargos de suplantación de identidad y de estafa. Fue Rothembach quien encontró las primeras evidencias en la cartera del delincuente, el día cuando que lo atrapó en el centro comercial.

En su billetera tenía tarjetas de presentación con el nombre de Ruddy Rotenbackg. También un paquete de recetas de un consultorio en el sur de Quito y unos afiches anunciando la apertura del centro médico Divino Niño, en Carcelén Bajo, al norte.

“Al fondo encontré tres cédulas. Una tenía todos mis datos, pero con su foto. Otra cédula, también con la foto del farsante, estaba a nombre de Ruddy Rotenbackg Kutt. La tercera identificación era de una mujer”, comenta.

Hace ocho años supo por primera vez del presunto estafador. Entonces se hacía pasar por un médico alemán del Cuerpo de Paz y traía ancianos para que se hicieran chequeos en el Hospital Vozandes de la capital. “Un día vino una enfermera y me dijo que mi primo había cobrado plata a unos ancianos y que ellos estaban buscándole, pero que no aparecía. Entonces yo les dije que él no era familiar mío y alerté al personal del hospital”.

Poco después, Rothembach perdió varios de sus documentos. “Puse la denuncia y pensé que estaba fuera de peligro”.

Los días siguientes recibió la llamada de un empleado de un almacén de electrodomésticos, quien le reclamaba por el pago de unas computadoras y unos televisores. “Me presenté y como vieron que yo no era el de la firma me dejaron tranquilo”, recuerda.

Luego, Rothembach recibió la visita del representante de una comercializadora de equipos médicos, que reclamaba por el pago incumplido de un tomógrafo. Nuevamente el oftalmólogo tuvo que demostrar su identidad para librarse de la deuda.

Cuando pensó que la pesadilla había acabado, vino lo peor. Rothembach se enteró que estaba como moroso en la Central de Riesgos de la Superintendencia de Bancos. “Yo quería sacar un préstamo, pero me explicaron que no podía porque tenía una tarjeta de crédito del Banco Centro Mundo y aún no cancelaba mi deuda”.

El hombre indignado por todos los problemas ocasionados por su ‘doble’, hace 90 días puso una denuncia en la Fiscalía.

El jueves, después de la detención de Quirola, el Colegio Médico de Pichincha verificó que él no era médico y que el código (2636) que utilizaba para realizar sus consultas pertenecía a Sixto López, otro galeno.

El martes, la Dirección Provincial de Salud clausuró el consultorio donde el falso galeno atendía a cientos de pacientes en todo tipo de especialidades: medicina familiar, ortopedia, laboratorio clínico, ecografía, vacunas…

A los vecinos y pacientes que acudían al consultorio Divino Niño, ubicado en la calle B de Carcelén Bajo, les cuesta creer que su doctor era un farsante y que tampoco era alemán, sino lojano.

“Yo tuve un serio problema renal y con unas pocas inyecciones me mejoré”, cuenta Carlos Martínez, vecino y paciente de Quirola.

“Yo le tenía mucha fe, porque con un solo examen y una sola receta me sanó”, cuenta Alba Jiménez, de 22 años. Ella acudió al consultorio del médico por un dolor abdominal. Con los resultados de unos exámenes de sangre el falso médico le diagnosticó infección bacteriana y daños en la tiroides. “Ya terminé el tratamiento para las bacterias, pero sigo tomando la tiroxina”.

Pese a las pruebas, Melva Arellano, madre de Jiménez, se niega a aceptar que Quirola no es médico. “Con título o sin título fue efectivo”. Sin embargo, la mujer de 60 años se lamenta porque antes de la detención le prestó al impostor USD 500. “Me dijo que necesitaba para comprar medicinas y que me los iba a devolver”.

En medio del escándalo, aún hay gente que pregunta por ‘el doctorcito’ en Carcelén. Rothemback espera que esta vez el hombre sea sentenciado y que no salga de la cárcel sin una sanción ejemplar. Por ahora el caso es indagado por la Unidad de Delitos Flagrantes de la Fiscalía de Pichincha .

24 denuncias durante el año

La suplantación de identidad es un delito recurrente, dice William Cumbal, de la Unidad de Delitos Misceláneos de la Policía Judicial de Pichincha. En lo que va del año, allí se han recibido 24 denuncias por ese motivo.

“La mayoría de casos es de falsificación de firmas en documentos. La suplantación de funciones es menos común”, dice el policía.
María Espinosa, coordinadora de Control y Vigilancia Sanitaria de la Dirección de Salud de Pichincha, asegura que ni el Ministerio ni la Dirección pueden responsabilizarse por los médicos farsantes. “Quiroga no estaba reportado y nosotros no conocíamos de la existencia de su consultorio. Ese es un caso penal”.

Todos los galenos que concluyen su año de práctica rural se registran en el Ministerio de Salud y en los colegios de sus provincias. También se inscriben en el Conesup. Si bien esta no es una garantía para los usuarios, el Ministerio recibe denuncias de la ciudadanía. “Si hay dudas sobre la autenticidad de un médico, podemos acudir para hacer una inspección”.

En cañar también lo buscaban

62 personas acusaron a Gerardo Quirola de engañarlas en 1999, con la promesa de viajar a los Estados Unidos. Entonces, el falso médico tomó el nombre de Daniel Rottembackg y montó una oficina en la casa parroquial de la Catedral de Azogues.

En ese centro médico, el falso galeno cumplía las funciones de médico y de asesor para las personas que querían viajar a los Estados Unidos. Las denuncias señalan que familias enteras le entregaron a Quirola entre USD 5 000 y USD 9 000 con la promesa de conseguirles una visa legal, para entrar a ese país.
Según los denunciantes, la oferta nunca se concretó y Quirola desapareció llevándose cerca de medio millón de dólares.

Los perjudicados presentaron la denuncia a las autoridades de la provincia. Durante la investigación, la Policía arrestó a su conviviente, Mónica Díaz, y la llevó a la cárcel de Cuenca. No se conoce qué paso con ella, pero el falso galeno no fue detenido por los agentes.

Quirola también afrontó una denuncia por supuesta mala práctica médica. En Azogues, dos personas que confiaron en él, luego de su atención padecían de problemas nervioso.
Fuente Diario El Comercio.


Author: Diseño Web Ecuador