El juez federal Daniel Rafecas, que procesó a Fernando de la Rúa por los sobornos en el Senado, sospecha que el entorno del ex presidente intentó presionar a un testigo y denunció que tres estrechos colaboradores del ex presidente mintieron para desvirtuar la confesión de Mario Pontaquarto.
El testigo al que habrían querido influir es el coronel Mario Troncoso, que era uno de los edecanes de De la Rúa y que estaba en la Casa de Gobierno el día que se realizó la reunión en la que, según el juez, se acordó el pago de las coimas.
De acuerdo con el testimonio de Troncoso ante la Justicia, el ex presidente lo llamó para avisarle que iba a ser citado como testigo y le dijo: “Recuerde cuál era su función de edecán”.
Según Rafecas, esta llamada fue “insólita” y “la frase permite barruntar una demanda de fidelidad y lealtad de parte de quien fuera no sólo el ex presidente, sino también la máxima autoridad de las Fuerzas Armadas hacia su ex edecán”.
Pero De la Rúa no fue el único que se comunicó con Troncoso antes de su declaración. Al poco tiempo, lo hizo una antigua colaboradora de Leandro Aiello (que era secretario privado del ex presidente), María Cristina Candotti, a quien Rafecas denunció anteayer por falso testimonio.
“Me llamó a mi celular, después del llamado de De la Rúa; me dijo si podía hablar conmigo y yo le dije que hasta después del 19 [el día que debía declarar] no hablo con nadie”, relató Troncoso.
Según Rafecas, “este segundo llamado estaba inequívocamente dirigido a escrutar el futuro testimonio de Troncoso y revela la inquietud que, sobre el mismo, reinaba en el entorno del aquí imputado De la Rúa”.
Tras la declaración del edecán, el juez citó a Candotti para pedirle explicaciones. Ella dijo no recordar la conversación, pero declaró que pudo haber tenido relación con un tema familiar. Candotti dijo que la madre de Troncoso estaba enferma y que ella lo había ayudado a conseguir medicamentos.
Para el juez, esta respuesta fue “poco creíble” porque el llamado había sido “justo antes de la declaración testimonial del ex edecán” y con el fin de “encontrarse personalmente”, pese a que Candotti y Troncoso no se habían visto por años.
Para Rafecas, esa explicación quedó definitivamente desvirtuada con un dato aportado por el edecán en su última declaración: su madre había fallecido casi un año antes del llamado. Por eso, en el mismo fallo que procesó a De la Rúa por cohecho activo, Rafecas denunció a Candotti.
Ayer, LA NACION se comunicó con el abogado del ex presidente, Jorge Kirzsembaum, que dijo que estas supuestas maniobras denunciadas, que comprometerían a su defendido, “no tienen entidad” y “no alcanzan para nada” a De la Rúa. “Llegado el momento, cada uno de los acusados [por falso testimonio] aportará las explicaciones necesarias que los desvinculará de esta investigación”, dijo.
El televisor
En total, los acusados de haber mentido en sus declaraciones fueron cuatro. Además de Candotti, serán investigados tres asistentes muy cercanos de De la Rúa: Ricardo Ostuni, Ana Cernusco y Claudia Tassano Eckart.
De acuerdo con el fallo de Rafecas, los tres intentaron corroborar los dichos de De la Rúa y desvirtuar la confesión del ex secretario parlamentario Mario Pontaquarto, cuyo testimonio fue considerado determinante por el juez.
Las presuntas mentiras giraron en torno de si había o no televisor en el despacho presidencial. Este era un dato importante para constatar si Pontaquarto había estado realmente allí, tal como había declarado.
Ostuni conocía a De la Rúa desde 1963 y militaba con él desde los ochenta. Fue su vocero y su hombre de confianza. Cernusco tenía con los De la Rúa una relación de parentesco. Tassano Eckart era ahijada del ex presidente y trabajaba con él desde 1989. Primero en el estudio jurídico y después en la Cámara de Diputados, en el Senado y en la Jefatura de Gobierno. Era la directora General de Audiencias del la Presidencia.
La defensa de De la Rúa sostuvo siempre que Pontaquarto había dicho que cuando estuvo en la Casa Rosada, durante la reunión en la que se habría acordado el pago de las coimas (entre abril y mayo de 2000), había un televisor en el despacho.
Según la defensa, esto era una prueba de que mentía porque el artefacto recién había sido instalado en septiembre de 2001 por el atentado a las Torres Gemelas.
Así lo afirmaron ante el juez, bajo juramento, Ostuni, Cernusco y Tassano Eckart. Pero luego de esas declaraciones, el fiscal Federico Delgado aportó unas 20 imágenes entregadas por el fotógrafo oficial, en donde se ve a De la Rúa en su despacho, con distintas personalidades que lo visitaron en los primeros meses de 2000. Está, al fondo, el famoso televisor.
Por Paz Rodríguez Niell
De la Redacción de LA NACION
Noticia tomada de la Nación.com











Add