Juan Vera recibió esa sentencia por la violación y muerte de dos personas en Milagro.
Por primera vez en el Guayas un hombre fue sentenciado a 35 años de prisión por acumulación de delitos. Se trata de Juan Vera Carpio, alias Charrasqueado, quien asesinó a su pareja y violó y mató a la hija de esta, en octubre del 2005 en Milagro. Desde ese cantón, una niña, de 12 años, cuenta cómo se cometió y sobrevivió la noche del crimen.
Alambres de púas y montes cercan la humilde vivienda del sector de Cien Camas de Milagro, donde el 8 de octubre del 2005 se cometió uno de los más horrendos crÃmenes ocurridos en ese cantón.
En la cara posterior de la construcción cuatro tablas cubren una pequeña ventana. Aquella por donde Juan Olegario Vera Carpio, de 48 años, ingresó la noche del asesinato para degollar a su pareja, Rosa Ercilia Calva Sánchez, de 40; y violar y matar a la hija de esta, Helen Upaya Calva, de 8, según el juicio 98-2006 de la Corte de Justicia del Guayas.
“La casa la construà en 1999 para vivir con mi esposa y mis tres hijasâ€, expresa el marido y padre de las vÃctimas, Manuel Upaya, mientras recoge un letrero de la tienda que tenÃa en el inmueble. En ese negocio fue donde conoció, en el 2001, a Juan Vera. Juan Charrasqueado, como lo llamaban los vecinos, quien cuatro años más tarde conquistó a su esposa y, dice, le arrebató su hogar.
Un hogar que, excepto por algunos electrodomésticos que fueron incinerados, por dentro se mantiene igual que el dÃa del asesinato. Es como un camal, dice Manuel, quien explica que por ocuparse de los trámites legales no tuvo ni el tiempo ni el valor para limpiar las manchas de sangre que aún permanecen en el piso y las paredes.
Pero ahora Manuel afirma que ha recuperado la fuerza para hacer esta tarea. Ahora que el pasado 26 de septiembre Juan Charrasqueado fue sentenciado por el Quinto Tribunal de lo Penal del Guayas a 35 años de cárcel. La condena máxima que estipula el artÃculo 81 del Código Penal (que trata sobre la concurrencia de delitos) y que marca un precedente en esta provincia, donde nunca antes alguien habÃa recibido tal castigo.
“Arreglaré la casa para vivir con mis hijasâ€, indica Manuel, refiriéndose a las dos niñas que sobrevivieron al ataque de Vera. La mayor de ellas, a quien llamaremos LucÃa, cuando tenÃa 10 años se convirtió en pieza clave del caso y su testimonio liberó a su padre de sospecha.
El 15 de diciembre del 2005 la pequeña declaró ante la FiscalÃa de Milagro que el crimen ocurrió cerca de las 21:30, después de que su madre y hermanitas se fueron a dormir. Ella también se acostó, pero se mantuvo despierta, señala. Asà pudo escuchar cuando el asesino entró por la ventana de atrás, como siempre acostumbraba hacer cuando llegaba borracho para reconciliarse con Rosa.
Pero ese dÃa su intención era otra. El Charrasqueado querÃa desquitarse de su mujer porque horas antes ella habÃa dado por terminada la relación. La pelea fue escuchada por los vecinos. Sin mayor sorpresa, afirman, pues los insultos y golpes eran frecuentes entre la pareja.
Sin embargo, los gritos con los que Rosa y sus hijas pidieron ayuda mientras eran agredidas aquel dÃa ningún morador los oyó. Se perdieron entre la bulla de una ceremonia evangélica que se celebraba en el sector.
LucÃa, en cambio, tuvo que escucharlos en silencio para poder salvar su vida, después de que el asesino tomó un cuchillo de la cocina y se lo clavó en el pecho. La pequeña cayó al suelo y se quedó quieta, simulando estar muerta. Con sus ojos entrecerrados vio cómo el Charrasqueado se acercó a su mami y le asestó nueve puñaladas en el corazón, otras dos en el dorso, una en la muñeca y un corte en el cuello. Luego, hizo lo mismo con su hermanita Helen, quien se habÃa agarrado a las piernas del asesino y le suplicaba que no matara a su madre.
Dos dÃas después, el médico que hizo la autopsia a la menor descubrió que, además de recibir dos puñaladas, habÃa sido violada. A la única que no lastimó fue a Elena (nombre ficticio), de 7 años. Vera sabÃa que por ser una niña con retardo mental no podÃa hablar, no podÃa delatarlo. Seguro de que ya no habÃa testigos, el Charrasqueado se fue dejando el cuchillo ensangrentado.
LucÃa fue hasta donde su madre, pero al acercarse a su pecho se percató de que el corazón de Rosa “ya no hacÃa tic tacâ€. “Fui donde Helen, pero estaba toda tiesa. Me dio miedo de que ese hombre (Vera) regrese y otra vez me hice la muertaâ€, cuenta la pequeña, quien se quedó dormida hasta las 19:30 del dÃa siguiente.
Al despertarse, tomó a Elena y la bañó junto a ella. Ambas estaban cubiertas de sangre y LucÃa sentÃa vergüenza de que las vieran asÃ. Con ropa limpia, salió de la casa y casi ya sin fuerzas pidió ayuda a sus vecinas.
El auxilio que prestaron los moradores ese dÃa les significó más tarde noches de insomnio y terror, cuando –aseguran– el Charrasqueado intentó vengarse de ellos, porque ayudaron a la niña que luego lo acusó. “Muchos vecinos tuvimos que dejar nuestras casasâ€, cuenta una habitante, que no da su nombre, pues teme que Vera se escape de la PenitenciarÃa del Litoral, donde está recluido desde diciembre del 2005.
Ese temor también lo siente LucÃa, quien vive junto a su hermana Elena en casa de sus abuelos. “No puede estar sola ni un momento y siempre se imagina que el asesino va a aparecer por la ventana para matarlaâ€, cuenta su padre.
Para él, los 35 años que recibió Charrasqueado nunca serán suficientes para pagar la destrucción de su familia y el dolor que hoy sufren él y sus hijas. “Solo Dios sabe lo que en realidad se mereceâ€, afirma.
Fuente Diario El Univeso.











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