Rafael Correa visitó el domingo a Mauricio Ordóñez, quien estuvo detenido hasta ayer, acusado de desacato a la majestad presidencial. Más allá de la contradicción en lo relativo a si la orden de arresto vino del Mandatario o del jefe de su escolta, el viraje frente al caso es llamativo.
El jueves, en Bolivia, Correa dijo que el caso de Ordóñez no era algo de lo que debÃa ocuparse un presidente, sino el jefe de su escolta. Y el sábado, en su cadena radial, dio a entender que seguirá acogiéndose a la figura del desacato para defender su dignidad, con no menos derechos que un ciudadano común. Y mencionó algo que era desconocido: durante su mandato, cuatro personas han corrido parecida suerte.
Pero el domingo, se lamentó de que Ordóñez siga detenido y adujo el hecho a falta de información suya y a la imposibilidad de liberarlo, una vez que empezó a actuar la justicia.
¿Por qué el cambio entre la indiferencia del jueves y la aprensión del domingo? Hay razones para pensar que se debió a la reacción que se hizo sensible a través de los medios . Ello no evitó que el Presidente los acuse de haber magnificado la detención, aunque queda claro que él fue quien minimizó el hecho y luego reaccionó para no lesionar su imagen.
La pregunta sigue ahÃ: ¿qué piensa el Presidente sobre la vigencia del desacato? La liberación de Ordóñez le resulta conveniente. ¿Pero pondrá a la SecretarÃa JurÃdica de la Presidencia a trabajar incansablemente para lograr la derogatoria o, al contrario, para ratificar que quiere ejercer la majestad de su poder en función de una norma obsoleta?
Fuente Diario El Comercio.











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