Después de la bocanada de oxígeno que tomó el sábado en Wyoming, Barack Obama espera hoy consolidar su recuperación con otra victoria en Mississippi. El estado donde tocase tierra el ‘Katrina’, dejando tras de sí cientos de kilómetros de costa devastada, era por un día el ojo del huracán político que este año está barriendo el país. Con 33 delegados a elegir, Mississippi no era considerado un premio gordo como Pensilvania (188 delegados), donde Hillary Clinton ya hace campaña, a más un mes de la consulta que se celebrará el 22 de abril. Atrás, en Mississippi había dejado aguantando el tipo a su esposo Bill, que nuevamente acaparaba titulares, y a su hija Chelsea, que ha dejado de ser su arma secreta para llevar una agenda pública.
Por tres veces a lo largo del fin de semana el matrimonio Clinton obnubiló a su audiencia con la posibilidad de que Obama se sumara al barco de Hillary como vicepresidente. El mensaje para los indecisos era claro: si votas por Hillary, tendrás a los dos. «Pensad en ello», les pidió Bill en Biloxi. «Él trae consigo las clases más ilustradas y los centros urbanos, mientras que Hillary arrastra las zonas rurales y los sectores que perdimos con Reagan. Serían una fuerza imparable».
Oferta envenenada
Los analistas comparaban su propuesta a vender la casa antes de comprarla, dado que hasta este momento Obama ha ganado más votos, más delegados y más estados que la ex primera dama, por lo que dudosamente aceptará ser el segundo de abordo de su rival, a no ser que funcione la estrategia. El cuento de la lechera que se les ofrece al sumarse a la candidatura de Clinton es tener a los dos durante las próximas dos décadas: ocho años de Hillary y ocho de Obama, dado que los vicepresidentes suelen ganarse el relevo en las urnas.
Por una vez Obama fue tajante. «No me veréis como vicepresidente», aseguró a la prensa. «Me presento a presidente». Si las encuestas aciertan, hoy estará un paso más cerca de una incierta nominación. Según los sondeos de American Research Group, vencerá a Hillary Clinton en Mississippi 58% a 34%. Rasmussen disminuía ligeramente la ventaja a 53%-39%, pero en cualquier caso contundente.
Su victoria potencial no sorprendería a nadie, ya que el 37% de la población es africanoamericana, lo que supone alrededor de la mitad del electorado demócrata. En otros estados donde se ha dado esa proporción, como Carolina del Sur o Georgia, el senador de color ha vencido.
Su único problema es que este estado olvidado por Washington, donde las pocas casas que quedaron en pie se quedan en manos de los bancos, importa más tener un techo y una almohada que hablar de la guerra de Irak. Por eso, tanto en los discursos de Hillary el fin de semana como en los de Obama ayer, la avaricia de las compañías de seguros y la desatención del presidente, George W. Bush, eran los temas centrales. Clinton prometió que de llegar a presidenta ordenará que todos los días le informen de los progresos que se hacen en la zona.
La ex primera dama confía en acortar distancias en Mississippi para que la adjudicación de delegados sea lo más repartida posible y no aumente mucho la distancia de poco más de cien que le separa de Obama. Pero su mejor baza es cimentar la plaza de Pensilvania, un estado industrial vecino de Ohio donde las encuestas la colocan por delante 52% a 37%.
Noticia tomada del Noticiero Cyberlatino.











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