Johanna Elizabeth Barrera Mendieta, de 24 años, ya puede caminar y hablar normalmente, pero aún siente la cabeza como hinchada. El efecto de la droga desaparece lentamente, permitiendo que más detalles de la pesadilla vayan apareciendo en la mente todavÃa confundida de la joven madre. Ella se aferra a su hija de un año, Andrea (*), quien observa todo con ojos grandes y vivaces.
A su lado, el pequeño José (*), de 2 años, juega con un carrito y lo estrella contra los pies de su madre. La mujer lo mira con ternura mientras empieza a relatar lo vivido la tarde del pasado domingo, cuando sus dos hijos menores estuvieron a punto de ser robados por dos sujetos, quienes la drogaron.
Fue su hija mayor, Natalia (*), de 6 años, la que impidió el ilÃcito pues su llanto y sus gritos llamaron la atención de los transeúntes. Johanna vive con su esposo, Reinaldo Aguilar, y sus tres hijos, en una ciudadela del cantón Durán.
El hombre trabaja todos los dÃas como taxista en Guayaquil. Por eso el matrimonio se ha acostumbrado a que todos los domingos, la mujer se traslade en bus con sus vástagos hasta el Puerto Principal, para reunirse con su cónyuge. Entonces pueden compartir en familia.
El pasado fin de semana, como siempre, Johanna tomó en Durán la ruta Panorama acompañada de sus pequeños. El bus los trasladó hasta Guayaquil y a las 16:30 todos se bajaron frente a la puerta 10 del Cementerio General.
En el sitio hay unas cabinas telefónicas desde las cuales la mujer llama a su esposo y le avisa que están en el punto. Pero alguien seguÃa los pasos de la mujer. Un hombre se le acercó mientras otro se mantenÃa a cierta distancia, observándolos. Según Johanna, “él me dijo que si querÃa comprar unos caramelos para los niños y yo le dije que no mientras me alejabaâ€.
La joven llevaba cargada en un brazo a la niña de un año, con la otra mano tenÃa agarrado al de 2 años y la de 6 años iba detrás suyo, cogida de su blusa. “El sujeto me insistió con los caramelos y yo me dirigà a las cabinas. De repente el otro me sopló una sustancia en el rostro y ahà me empecé a sentir mareadaâ€, recuerda la joven madre.
A partir de ese momento, los recuerdos se nublan para Johanna. Fue Natalia (*), su hija de 6 años, la que le contó lo sucedido. “Los tipos nos empezaron a llevar con ellos pero le dijeron a la niña que se quedara en el sitio, que si alguien le preguntaba dijera que me habÃan llevado a la casa.
Entonces me empujaron para plagiarme junto con mis dos hijos menores. Seguro que se los querÃan llevar a ellos y no sé qué iban a hacer conmigo, tal vez pensaban violarmeâ€. Sin embargo, Natalia empezó a llorar y a gritar. VeÃa que su madre se alejaba y la dejaba sola en medio de una multitud que iba y venÃa sin reparar en ella. “Gritaba ‘¡no me dejes mami, que yo me pierdo!’ y eso llamó la atención de la gente.
Los transeúntes comenzaron a acercarse para ver qué le pasaba a mi hija y los tipos se asustaron. Entonces nos dejaron abandonadas y huyeron. Natalia impidió que se robaran a sus hermanitosâ€, afirma Johanna. La mujer no recuerda cómo llegó a su casa. Según su hija, la gente los embarcó en el bus que los lleva hasta Durán y una vez en su barrio, donde todos los conocen, los vecinos los ayudaron. Janeth Elizabeth Mendieta, madre de Johanna, dijo que alguien la llamó a su celular. “Natalia (*)se sabe mi teléfono y la gente se comunicó conmigo.
Llamamos a mi yerno y fuimos a Durán. Llevamos a mi hija al hospital Orama González, donde un médico diagnosticó que le habÃan dado escopolaminaâ€. Los presuntos autores del intento de robo fueron detenidos. Ahora, mientras la salud de la joven mejora, la familia espera que la justicia sancione con rigor a los individuos. Según Johanna, “hoy fui yo, quién sabe mañana qué otra madre puede ser vÃctima de ellosâ€. (JCH) * Nombres ficticios
Fuente Diario Expreso.











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