May 13
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Las mujeres luchan para que se cumpla con la cuota de género.

Desde 1998, varias  organizaciones femeninas han bregado porque las mujeres tengan los mismos derechos de participación política que los hombres en las elecciones de dignidades populares.

Fruto de aquello es el art. 102 de la Constitución, que habla sobre la equidad sin importar el género.

También está  el art. 58 de la Ley Orgánica de Elecciones, que establece la discriminación positiva para la conformación de las listas de candidatos para todos los cargos de elección popular, reseña Solanda Goyes, activista de los derechos de la mujer de la Fundación Equidad y Desarrollo.

Ese año por primera vez se incorporó la obligación de que los partidos políticos cuenten con  una cuota mínima del 20 por ciento de mujeres en la conformación de sus listas de candidatos a dignidades populares.

De manera progresiva, en cada elección esa cuota debía incrementarse en un cinco por ciento hasta llegar al 50 por ciento para mujeres e igual porcentaje para los hombres. Así, para las elecciones del 2000, para los diferentes cargos de elección popular, nacionales, provinciales o cantonales, se presentaron 7 578 candidatas, frente a 12 239 hombres.

Donde mayor presencia tuvieron las mujeres fue en las candidaturas a concejalías con 2 313 aspirantes (46%) frente a 2 713 (56%) de candidatos hombres para la misma dignidad.

Mas, en la elección efectiva de concejales, las mujeres solo alcanzaron el 29,4 por ciento frente al 70,6 por ciento de sus contendores varones.

Con ligeras variaciones, esa tendencia se mantuvo en las elecciones del 2002 y 2004.

Y para garantizar la efectiva inclusión femenina, en el 2000 se reglamento que, además de la cuota progresiva se debía establecer la alternabilidad y secuencialidad. “Todo parecía quedar claro. Era obvio lo que había que hacer”, señala Goyes.

De esa forma, se pretendía que las listas se conformen con un hombre, una mujer o viceversa y así, de manera alternada, en todas candidaturas que tuviesen una conformación plural.

Pero lo “obvio” no es tal, ya que en el 2004, con Nicanor Moscoso (Prian), y en el 2006, con Xavier Cazar (PSC), en la presidencia del Tribunal Supremo Electoral (TSE) esas leyes se incumplieron. Y ahora, para las elecciones a asambleístas, los problemas parecen subsistir.

La vocal de TSE Elsa Bucaram, del PRE,  presentó un informe para que se interprete la cuota de género y la alternabilidad no necesariamente sea un hombre una mujer (o viceversa).

Según la visión de la vocal, que fue una de las tres primeras mujeres en llegar al Congreso, en el período 1984-1986, con 55 diputados varones como compañeros, la alternabilidad puede ser tres a tres, cuatro a cuatro y así sucesivamente. Sobre el porqué de esa posición, Bucaram prefirió no comentar. Pero con esta idea también coincide Pierina Correa, hermana del Presidente de la República, que de manera pública ha manifestado esa idea. “El patriarcado también tiene faldas. Muchas mujeres no comprenden la importancia de las políticas públicas para gozar de nuestros derechos”, responde Goyes sobre lo dicho por las dos mujeres.

Pese a ello, la mejor defensa respecto de la alternabilidad y secuencialidad, por lo menos en el discurso, proviene del presidente del TSE, Jorge Acosta (vinculado inicialmente con el PSP) y Hernán Rivadeneira (Partido Socialista). Incluso, el primero ha comprometido su voto en el Pleno del organismo a favor de una resolución en pos de esa causa, “aunque con ello esté prevaricando”.

Dolores Padilla, diputada por Pichincha del Movimiento  RED,  coincide con Solanda Goyes y defiende la validez de lo legal para “acabar con esas prácticas sociales”. Pero también advierte sobre los atajos que los partidos políticos “controlados en más del 90 por ciento por los hombres” han hecho para cumplir con la norma, pero sin afectar al estatus.

“Se cumple la Ley, pero rellenando las listas con cualquier figura femenina, sin que necesariamente tengan la respectiva preparación”, denuncia Goyes.

Y es que desde el 2000, cuando la Ley de Cuotas comienza a marcar presencia, las listas se han completado con bailarinas, cantantes, animadoras de TV, reinas de belleza…, figuras con presencia mediática, pero sin la suficiente experiencia política, como reconoce Rosa María Loaiza, diputada del PRE por El Oro.

Pero al preguntársele sobre si su partido usa esa práctica que es reflejo de la política “patriarcal”, responde con un suspiro y prefiere no ahondar en más comentarios para “no tener problemas”.

Las diputadas

Desde el retorno a la democracia en 1979, recién en el período  1984-1986 llagaron al Congreso  tres  diputadas: Elsa Bucaram (PRE), María Mejía (UDC) y Josefina  Izurieta (PSC).

Para el período  1988-1992, fueron elegidas cuatro mujeres:  Jenny Terán (ID), Cumandá Vinueza (PS), Elba Andrade (ID) y Juana Vallejo  (PSC).

A partir de 1992, la presencia femenina aumentó en el Congreso, a tal punto que en el período anterior hubo 18 diputadas y hoy actúan 32.

FUENTE DIARIO EL COMERCIO.


Author: Diseño Web Ecuador