Oct 19
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Las Abuelas de la Plaza de Mayo no dan tregua a la impunidad.

Cuando vio las fotos de Laura la reconoció. Un conscripto le dijo que su hija había dado a luz en el Hospital Central. Contó que cuando volvió de su descanso la vio con su bebé recién nacido. Luego, un militar dejó al bebé solo y se la llevó a ella, dormida, al campo de concentración. Horas más tarde un civil  se llevó al niño…

Aquella escena, ocurrida el 26 de junio de 1978, es la última pista que Estela de Carlotto tiene de su nieto Guido, uno de los  500 bebés desaparecidos en la dictadura argentina, entre 1973 y 1983.

Exposición de afiches
La memoria gráfica  de los 30 años de  las Abuelas está en Quito. La Embajada Argentina organiza la exposición de fotos históricas y afiches del trabajo de las Abuelas,  en el Centro Cultural Metropolitano, en la García Moreno y Espejo. La muestra recorrerá varios países de América.
La científica Marie  Claire King descubrió en el ADN la fórmula para establecer la identidad de los nietos desaparecidos, con la determinación del índice de
abuelidad, en 1983.

Carlotto supo de Laura dos meses después del nacimiento de Guido. “La asesinaron en la ruta del Gran Buenos Aires y tuve el ‘privilegio’ de que me entregaran su cuerpo”. Ya pasaron 30 años y la abuela no deja de buscar a su nieto. “Orfelinatos, luego por escuelas, secundarias y en las plazas. Hoy él tiene 29 años”.

Con el afán de encontrar al bebé que nunca conoció, abandonó  su trabajo como directora de una escuela primaria y se unió a un  grupo de 12 mujeres, las fundadoras de las Abuelas de la Plaza de Mayo. Ellas  son un  referente  en el descubrimiento de las atrocidades cometidas en regímenes totalitarios de América Latina. Un ejemplo de tenacidad, de lucha a pulso contra la impunidad.

Las desapariciones no solo se cuentan en dictaduras, como la Argentina, sino en democracias como la ecuatoriana (período 1984-1988). Con una particularidad: en este país,  el fracaso de las comisiones de la verdad instauradas por distintos gobiernos ha impedido desentrañar los detalles de hechos criminales y casos de abuso de la fuerza pública y desapariciones forzadas, que  aún permanecen intactas, sin sanción.

“En Argentina, nosotras supimos  que el único modo de sobrellevar tanto dolor era juntándonos”,  dice Carlotto, quien ahora preside el grupo de las Abuelas. Este 22 de octubre la organización celebra 30 años con la satisfacción de haber recuperado la identidad de 88 nietos.

Los primeros datos recogidos por las abuelas en la década de 1980 demostraron la existencia de un plan sistemático de apropiación  de bebés, que incluía  maternidades clandestinas, personal médico y listas de espera de personas dispuestas a ‘adoptar’ hijos  de desaparecidos.

El 19 de marzo  de 1980 las Abuelas lograron la restitución de Tatiana Ruarte Britos y  Laura Malena Jotar Britos, secuestradas junto a su madre y el padre de Laura,  en octubre de 1977, en la  localidad bonaerense de Villa Vallester. Luego, pudieron  descubrir la identidad de cinco niños más.

Los años siguientes  iniciaron los juicios  a las juntas militares, se creó el Banco Nacional de  Datos Genéticos, se realizó la  Convención de los Derechos del Niño , se  formó  la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conade) y más nietos se hallaron.

La historia de Juan Cabandié, un maestro de 29 años, es una de los casos de identidad recuperada más recientes.  “Renuncié  a llamarme Mariano; soy Juan, ese es el nombre que me puso mi madre”, cuenta el joven  postulante a legislador de Buenos Aires, quien  confirmó su identidad gracias a  un examen de  ADN.

Las abuelas, los tíos y los amigos de los padres de Juan se encargaron de presentarle a sus padres.  Con antiguas fotografías Juan descubrió que tenía los ojos verdes de Damián, su progenitor, y los rasgos de Alicia, su madre. Le contaron que nació en un campo de concentración y que le arrebataron de los brazos de Alicia,  20 días después de haber nacido y creció en el hogar de su captor, un ex policía. “Imagina que son 25 años viviendo con un  nombre marcado en los  amigos, en la  familia, el  título secundario, en la gente. Conocer la verdad no me cambió del todo,  pero sí me liberó”, dice Juan, quien será padre  en febrero.

En Argentina aún hay más de 400 chicos que viven con una identidad  falseada.  Por eso el trabajo de las abuelas no cesa.

Para satisfacer las inquietudes de los jóvenes que viven con identidades falsas, el Gobierno  creó una Red Nacional por el Derecho a la Identidad  con módulos de información en toda Argentina.

Fuente Diario El Comercio.


Author: Diseño Web Ecuador