Un afiche color amarillo con el escudo de Barcelona pegado en la pared metálica de un quiosco en la calle Emilio Estrada Icaza, más conocida como el malecón de la Universidad de Guayaquil, es la única referencia que existe de lo que, hasta el domingo pasado, fue el sitio de reunión de cientos de hombres y mujeres con un solo objetivo: apoyar con cánticos y “hasta con su vida†al Ãdolo.
El ambiente es desolador en ese sector. Trece locales de fotocopiado, algunos de venta de encebollado para matar el “chuchaquiâ€, pero nadie quiere dar pistas. Nadie habla sobre la barra Sur Oscura desde el pasado domingo, cuando murió el niño Carlos Cedeño Véliz, en el estadio Monumental, vÃctima del impacto de una bengala. Hasta la venta de camisetas con leyendas como: “Podrás alcanzarme, pero nunca igualarme o Sigue entrenando que te faltaâ€, que los seguidores toreros iniciaron tras la victoria (2-1) de Barcelona sobre Emelec en el Capwell, se acabó a pesar de que aun existe buena demanda.
“Después del clásico nos reunimos acá y nos fuimos en menos de una hora. No nos importó haber perdido, nos dolió lo del niño. Muchos de la barra somos padres y nos impactóâ€, señaló un integrante de la barra, que prefirió no ser identificado. El hincha, de manos nerviosas y voz apagada, cuenta que el sitio diario de reuniones del grupo ya no tiene la “magia†de antes. “Todo está muerto, antes venÃan unas 15 personas, pasábamos casi todo el dÃa por acá, en la tarde y noche vendÃamos las camisetasâ€, relata mientras el sonido de las aves acuáticas en las riberas del estero Salado, dan ahora un ambiente de paz donde antes los estridentes sonidos de la música rock gobernaban.
No sabe con exactitud cuánto ganaban con el negocio de las camisetas que se vendÃan a siete dólares (solo color amarilla y negra). “Nos afectó mucho esta situación porque nos tienen como delincuentes, asesinos, cosa que no somos porque acá hay profesionales, abogados y doctoresâ€. Dice que la tristeza por la muerte de Carlitos los tiene alejados. Permanecen en sus casas pensando en la tragedia. “Nos comunicamos por teléfono, por chat, uno va a la casa de otro pero no nos reunimos más de tres personasâ€, asegura. La tensión sube con el diálogo.
Dice no saber quién lanzó la bengala. “Hay mucha gente que viene de otras provincias para los clásicosâ€. Los de la barra dicen que a Galo Roggiero, presidente del club, le será difÃcil deshacerse de la barra. Culpa a la Boca del Pozo por iniciar los enfrentamientos. El diálogo se interrumpe cuando un vehÃculo de la policÃa con dos agentes “mal encarados†pasa despacio por la estrecha calle adoquinada. “Va a pasar mucho tiempo para que la gente se vuelva a reunirâ€, finaliza aun con cierto temor de lo que pueda suceder más adelante. (PAP)
Fuente Diario Expreso.l











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