Jul 16
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La pobreza enfrenta a afros y awas.

Norman Mina Lastra, un afrodescendiente de 66 años, nació y vive en la parroquia Ricaurte, ubicada en el cantón San Lorenzo, en el extremo norte de la provincia de Esmeraldas. Es agricultor y en las 66 hectáreas de su finca “La Esperanza” siembra plátano, yuca, naranja y otras especies propias de la provincia verde.

Pero también aprovecha la madera que tiene, para conseguir dinero. Mina corta mensualmente de 10 a 15 árboles y vende, cada uno, en 40 ó 50 dólares, según la especie. Como él, los cerca de 300 habitantes de Ricaurte no tienen sino el bosque para sobrevivir. Con lo que sacan de la madera envían a sus hijos a la escuela, compran ropa, abono y semillas.

“Nos da pena acabar con el bosque, pero no tenemos con qué subsistir. Vivimos de él y cuando se acabe, nos moriremos también”, dice Mina, sentado sobre un tronco de guayacán, un tipo de madera por la que se paga bien en el mercado.

Hace un par de años, las parroquias Ricaurte, Tululbí, Mataje, Carondelet y otras del cantón San Lorenzo, se volvieron famosas, a la fuerza, cuando hubo denuncias de bandas armadas que desaparecían gente y provocaban enfrentamientos por la tierra. Tras dos años de escándalo nacional, la situación de la zona no ha variado. Es una de las más pobres del país. El ingreso mensual de sus habitantes oscila entre 60 y 180 dólares, pero pagan $ 30 por la energía eléctrica. También tiene uno de los suelos más ricos. Por ello, se entrelazan los intereses de los madereros, palmicultores y traficantes de tierras, con una total falta de control del Estado. Y es el hogar de los afrodescendientes e indígenas awa, quienes -desde siempre- han mantenido una relación armoniosa.

“Siempre nos llevamos bien con ellos (los nativos), pero ahora queremos que se vayan, porque hay señores que nos dicen que esas tierras han sido nuestras y que tenemos que pelear por ellas”, enfatiza. En San Lorenzo, los negros emplean cerca de 20 dólares en cortar los árboles, mandar a aserrarlos y convertirlos en 40 ó 50 tabletas (tablones), por lo que la ganancia neta no rebasa los $ 30. “De un árbol grande salen 50 tabletas y cada una la vendemos en 1,20 dólares, en el mejor de los casos”, asegura. Pero hay un peor negocio: vender la tierra. Antonio Guerrero, también de Ricaurte, se arrepiente de haberles vendido dos “terrenitos” a los palmicultores.

“Ellos vinieron y nos ofrecieron comprar las tierritas. Nos sugirieron que con ese dinero podíamos hacer casitas de cemento y nosotros aceptamos”. Cada hectárea, él la vendió en 333 dólares. En total, recibió 9.000 dólares, con lo que construyó una modesta casa de cemento. Luego, no le quedó otra que emplearse en una palmicultora. Ahora, “soy granador (limpia esteros), trabajo ocho horas al día y me pagan 10 centavos por metro”. Vive en la miseria, pero las 27 hectáreas que le quedan no las vendería por nada. La poca madera que sobra será para sus hijos.

En Mataje, el bosque hace las veces de cajero automático. John Segura vive a orillas del río. “En mi terreno ya no tengo palitos, pero todos los meses vendo 10 ó 15 palos (troncos) de guayacán, guayacanillo, sandey y otros”, afirma. Tiene que ingresar, para ello, en el bosque de los Awa y robarlos.Son los únicos que aún tienen madera. “A veces sentimos celos de ellos, porque todavía tienen bosque. Pero tenemos los mismos derechos”.

La polémica

Los negros reclaman 17.000 has

Antes de la construcción de la carretera que comunica a la provincia de Imbabura con Esmeraldas, no existían problemas territoriales entre los Awa y los afroecuatorianos.Así lo afirma Jaime Levi, consultor de la Fundación Altrópico, que trabaja en esa zona.

Levi manifiesta que en 1988 integró una comisión estatal, formada por la Cancillería, para estudiar la zona del bosque de El Chocó, a fin de delimitar el territorio awa. El especialista afirma que luego de ese estudio comprobaron que no había presencia afroecuatoriana, dentro de las 17 mil hectáreas que ahora reclaman las comunidades negras de Esmeraldas.

Nathaly Bonilla, de Acción Ecológica, explica que la carretera que existe en San Lorenzo permitió el crecimiento de la tala de madera y la siembra de palma.

Los dos activistas coinciden en que varios pobladores afro han perdido sus tierras, debido a que las vendieron a las empresas agrícolas. Según cifras de Levi, existen más de 60 mil hectáreas de palma, en la zona.

Bonilla piensa que hay presión de grupos madereros para explotar esa tierra, y Levi afirma que, según los Awa, luego de que la Ministra firmó el comanejo, madereros entraron a la zona awa para iniciar los estudios. Tanto el ministro coordinador de Patrimonio Cultural y Recursos Naturales, Juan Martínez, como el ministro de Agricultura, Carlos Vallejo, niegan la posibilidad de que la siembra de palma en territorio awa sea un objetivo del régimen.

Martínez piensa que la solución está en medidas compensatorias. Además, argumenta que el problema (el decreto del comanejo de tierras entre los Awa y las comunidades negras) se produjo por un mal asesoramiento externo en el Ministerio del Ambiente. Martínez dice que para que exista el comanejo deben estar de acuerdo las dos partes, y eso no ocurrió.
Vallejo prefiere no referirse al tema. (PPC)

Presión por la tierra


En 1988 los Awa obtuvieron el territorio

Las comunidades afroecuatorianas no darán el brazo a torcer. Su objetivo es exigir lo que consideran sus tierras. Ayer hubo una reunión en la parroquia Ricaurte, a fin de definir las acciones que tomarán para reclamar al Gobierno por las 99.336 hectáreas que disputan con los Awa.

Augusto Caicedo, diputado por Esmeraldas (MPD), asegura que estas medidas -como las movilizaciones- no buscan un enfrentamiento con los nativos, sino exigir al régimen que rectifique lo actuado y reconozca el derecho que tiene a esas tierras el pueblo negro del Ecuador.

Además, calificó de negligencia del Ejecutivo la resolución del vicepresidente Lenín Moreno de echar abajo el comanejo de la zona. Con ello, dice Caicedo, desconocieron los artículos 85 y 84 de la Constitución, que dicen: “El Estado reconocerá y garantizará a los pueblos negros o afroecuatorianos los derechos garantizados en (territoriales y ancestrales) todo aquello que les sea aplicable”.

Por ello, dijo que “el enfrentamiento no es contra el pueblo awa, sino contra estas decisiones apresuradas”.
Manuel Arroyo, presidente de la Asociación de Negros del Ecuador (Asone), fue más allá y dijo que si no existe una rectificación del Gobierno, se planea realizar una movilización a la capital, para reclamar lo que “por derecho nos pertenece”. “El Vicepresidente se dejó convencer porque vinieron en marcha. Nosotros también vamos a hacer una desde Esmeraldas”, señaló.

Asimismo, adujo que la comunidad awa es colombiana y que son muy pocos sus habitantes los que viven en esa zona de la provincia de Esmeraldas.

Según los afroecuatorianos, que reclaman el derecho a las 17.000 hectáreas que se encuentran en la zona de San Lorenzo y que son motivo de disputa, los indígenas awa llegaron “tan solo hace 11 años al Ecuador”, por lo que no pueden, ni deben reclamar la pertenencia de esas tierras.

Pero esta lucha inicia antes de ello. En 1988, el régimen de Rodrigo Borja fijó el área de asentamiento de la comunidad awa y en 1995 la resolución número 8, del Instituto Ecuatoriano Forestal de Áreas Naturales y Vida Silvestre (Inefan) delimitó las tierras de asentamiento de la comunidad awa y reconoce su posesión ancestral en 101 mil hectáreas.

El 23 de enero de 2006, el Acuerdo Ministerial 004 adjudicó gratuitamente 99.336,51 has. a los Awa. Un año más tarde, la misma ministra del Ambiente, Ana Albán, resolvió instalar un régimen de comanejo. Pero el Vicepresidente lo echó abajo. Todo esto sin consultas previas al pueblo awa ni al afro. Ahora, los Awa reclaman que el Gobierno garantice su seguridad.

¿Quiénes son?

El bosque de El Chocó marca vida de los Awa

Rocío Rueda, historiadora de la Universidad Andina Simón Bolívar, señala que no existe mucha bibliografía sobre el origen del pueblo awa, que está repartido entre Ecuador y Colombia. En nuestro país habitan cerca de 15 mil personas. Ellos se desplazaron al Ecuador huyendo de la guerra civil en Colombia desde el siglo XIX. Para esta nacionalidad, el territorio tiene que ver con su vida, su cultura y sobrevivencia como pueblo.

Awa significa hombre, y es una de las 13 nacionalidad indígenas más desconocidas del Ecuador. Pertenece a la Confederación de Nacionalidades Indígenas, y está organizada en la FederaciónAwa. Su política es la defensa del bosque húmedo de El Chocó.

En mayo de 2001, la Federación obtuvo un certificado de la Confederación Mundial de Bosques por el buen manejo de la zona.

Explotación económica

La madera más fina del mundo, en la zona

Los dirigentes de las comunidades negras muestran en defensa de su posición, un oficio del 2 de octubre de 2006, de Byron Cedeño, quien era el delegado provincial del Instituto Nacional de Desarrollo Agrícola (INDA). En el folio manifestaba que ese organismo es el único llamado a legalizar las tierras, pero que las que están en posesión de los Awa estaban dedicadas al cultivo de plantaciones ilícitas.

Esta acusación no ha sido comprobada por autoridad alguna en Ecuador. La presión por la frontera agrícola de sembríos de palma y la explotación de especies que valen oro en el mercado es la hipótesis de los dirigentes Awa. En este bosque primario hay guayacán, sande (base para la tabla triplex), chanul y aray. Un comedor de esta madera puede costar $ 8.000 en EE.UU.

Fuente Diario Expreso.


Author: Diseño Web Ecuador