‘Todo el suelo tembló” , aseguró Mohammed Haider, aún en estado de ‘shock’. Él apenas podía contener su emoción evocando la carnicería ocasionada ayer por el atentado suicida que costó la vida a la ex primera ministra paquistaní, Benazir Bhutto, y a otras 20 personas. Al menos otras 56 personas resultaron heridas y fueron trasladadas a diversos hospitales, según un responsable de los servicios de auxilio.“La potencia de la explosión ha despedazado la ropa que llevaba la gente. Los he visto caer cubiertos de sangre. He intentado ayudarlos lo mejor que he podido metiéndolos en ambulancias, pero era horrible verlo”, contaba este testigo en el hospital de Rawalpindi, ciudad cercana a Islamabad donde tuvo lugar el atentado.
Según los testigos, el kamikaze habría abierto fuego en primer lugar sobre Bhutto, antes de hacer explotar su carga. En ese momento la ex Primera Ministra saludaba a la gente desde el techo abierto de su coche blindado, al término de un mitin electoral. La política hacía campaña dos semanas antes de las elecciones legislativas previstas para el 8 de enero.
Dos investigadores afirmaron que Bhutto fue alcanzada por una bala en el cuello, mientras otros sostienen que fue golpeada en la cabeza por esquirlas de bomba.
La deflagración provocó escenas de horror: pánico, personas aterrorizadas que corrían y pisaban miembros despedazados en un mar de sangre.
“Hubo una enorme explosión, y después he visto trozos de cuerpos volando por los aires”, refirió Mirza Fahin, profesor en la localidad.
“Cuando el polvo se disipó, he visto cuerpos mutilados tumbados en la sangre. No he visto nada tan horrible en mi vida. Había partes de cuerpos”, aseguró.
Cuerpos calcinados poblaban el suelo mientras resonaba la voz de los heridos agonizantes, envuelto en sirenas de ambulancias.
Y este no es el primer asesinato político que tiene lugar en Rawalpindi. El 16 de octubre de 1951, en el mismo jardín municipal donde murió Bhutto, el entonces primer ministro, Liaqat Ali Khan, fue asesinado por un fanático afgano en un acto electoral.
La muerte de la carismática ex Primera Ministra (ver semblanza), quien había regresado al país en octubre pasado, generó un estado de caos antes de los comicios legislativos, además del duelo y rabia generalizados.
El 18 de octubre, 139 personas murieron en un atentado en Karachi cuando dos explosiones estremecieron la caravana de la ex Primera Ministra, quien volvía del exilio. Ese día resultó ilesa.
Nawaz Sharif, otro ex primer ministro y líder de un partido rival de la oposición, exigió la inmediata renuncia del presidente Pervez Musharraf y anunció que su partido boicoteará las elecciones parlamentarias de enero. “Musharraf es la causa de todos los problemas de Pakistán”, agregó.
La condena de Sharif se dio poco después de que en las afueras de Rapalwindi se produjera otro atentado, en una concentración política llevada a cabo por sus seguidores. Un grupo de hombres armados dio muerte a unas cuatro personas. Sharif no se hallaba en el lugar. Sus partidarios culparon del atentado al Gobierno.
En el hospital donde falleció Bhutto, algunos de sus partidarios rompieron vidrios, lloraron y entonaron cánticos contra Musharraf. Algunos de los presentes gritaron “Musharraf asesino, asesino” y lanzaron piedras a los automóviles que circulaban cerca de la casa de salud.
Luego del atentado hubo brotes de violencia. Al menos 15 personas murieron en los disturbios registrados en Lahore, Peshawar (noroeste), Karachi (sur) y Multan (centro).
A la condena interna del ataque se sumó la repulsa de la comunidad internacional (ver reacciones), que teme que una escalada de violencia y de caos se encienda en Pakistán, un país poseedor de armas nucleares, con una democracia endeble y que soporta la creciente influencia de grupos islámicos radicales.
El sepelio en el sur
Los restos mortales de Benazir Bhutto, asesinada ayer, fueron trasladados en un avión militar hacia Sukkur, ciudad situada en el sur de Pakistán, anunció una fuente del Ministerio del Interior.
Su marido, Asif Alí Zardari, que había llegado poco antes de Dubai, y sus tres hijos tuvieron la oportunidad de ver el cuerpo antes de que el avión partiese, explicaron dirigentes del partido de Bhutto. El avión despegó con destino a Sukkur, la ciudad próxima a Larkana, de donde procede la familia Bhutto.
La secretaria de Estado de EE.UU., Condoleezza Rice, habló ayer por teléfono con Asif Alí Zardari, marido de Bhutto, para transmitirle sus condolencias, informó la Casa Blanca. “La muerte de Bhutto es una gran pérdida para Pakistán”, señaló Rice en una nota.
Cuatro reacciones
George W. Bush. Presidente de EE.UU.
Un acto cobarde en Pakistán
Estados Unidos condena con fuerza este hecho cobarde de extremistas asesinos que intentan socavar la democracia de Pakistán. Aquellos que cometieron este crimen deben ser llevados a la Justicia. Les instamos a que honren la memoria de Benazir Bhutto continuando con el proceso democrático.
Ban Ki-moon. Secretario General de la ONU
Es una amenaza para la paz
Constituye una de las más serias amenazas a la paz y a la seguridad internacional. Representa un asalto a la estabilidad y a los procesos democráticos de Pakistán. Los responsables deben ser llevados ante la Justicia lo antes posible. Cada acto de este tipo es injustificable donde quiera que se lo cometa.
Gordon Brown. Premier de Gran Bretaña
La democracia no debe morir
Benazir Bhutto ha sido asesinada por cobardes que temen a la democracia. Es una hora trágica para Pakistán, Benazir arriesgó su vida en un intento de conseguir democracia para su país, fue una mujer de inmenso coraje. A los terroristas no se les debe permitir asesinar a la democracia en Pakistán.
Valdimir Putin. Presidente de Rusia
Un desafío al mundo
Las fuerzas del terrorismo están desafiando no solo a Pakistán sino a la comunidad internacional. Esperamos que los organizadores de este crimen sean encontrados y debidamente castigados. Nos solidarizamos con el pueblo de Pakistán y expresamos nuestras profundas condolencias.
Fuente Diario El Comercio.











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