Una joven delgada, de cabello rizado y vestida con short y camiseta, estaba a pocos metros de cruzar la última puerta de salida de la PenitenciarÃa del Litoral cuando uno de los tres policÃas de turno le preguntó: -¿De dónde viene? El reloj marcaba las 10:10.
Era lunes y ya estaban ingresando misioneros, abogados y familiares de los reos a las cárceles de varones y de mujeres y al Centro de Detención Provisional (CDP). Un poco sorprendida, la joven contestó: de la cárcel de varones. - ¿A qué hora ingresó?, volvió a preguntar el uniformado. A las 06:30, respondió esta vez, mostrando el sello que a todos los visitantes de la Penitenciaria les estampan en el brazo.
-No pudo haber entrado a esa hora porque las visitas empiezan a las 08:00. ¿Usted es una de las que se quedó anoche aquÃ, verdad?, le recriminó. Ella negó repetidas veces que hubiese dormido en la PenitenciarÃa, hasta que la dejaron salir por la misma puerta por la que 8 horas antes sacaron el cadáver de Éricka Castillo Miranda. Con 18 años recién cumplidos el 26 de julio, Éricka sà era una de aquellas jóvenes que acostumbraban a entrar, en especial los fines de semana, a la PenitenciarÃa del Litoral y quedarse hasta el dÃa siguiente.
Lo hacÃa desde hace poco, con dos mujeres que conoció en la cooperativa Nuevo Rumbo, de la Isla Trinitaria (sur). En aquel barrio las identifican como “La Nena†Charcopa y Ãngela CarabalÃ, quien tiene un hermano recluido en la PenitenciarÃa. Hasta ese lugar, al otro extremo de la ciudad de donde ella vivÃa, fue llevada por su madre Rosa Miranda López, de 58 años, quien recibió el encargo de estar pendiente de su prima, cuyos padres migraron a España. Éricka era la última de siete hermanos que, por falta de dinero no estudió la secundaria (su padre murió hace dos años).
Trabajó de asistente de cocina de un chifa en Pascuales y en una empacadora hasta que hizo amistad con “La Nena†y Ãngela. Los escapes de Éricka Las dos mujeres, según cuentan sus hermanos y madre, la llamaban al celular de la casa, generalmente los fines de semana, para invitarla a salir.
Como se lo impedÃan, Éricka se escapaba con el pretexto de que tenÃa que comprar algo en la tienda. El 24 de julio, dos dÃas antes de que cumpliera los 18 años, Rosa supo que su hija frecuentaba la PenitenciarÃa, pero solo después de su muerte conoció la razón de esas visitas misteriosas.
“Yo le hablé fuerte ese dÃa -no le pegué- para que dejara esas malas amistades, pero ella se me escapó al dÃa siguienteâ€, cuenta. Desde el 25 de julio, Éricka vivióen la casa de “La Nenaâ€, con quien salÃa en las tardes y retornaba a la medianoche; en ocasiones, de madrugada. Sus vecinos sabÃan que “La Nenaâ€, una joven de tez negra y contextura delgada, andaba en “malos pasos†y no se explicaban por qué iba a la PenitenciarÃa si no tenÃa ningún familiar preso.
El asesinato Tampoco lo tenÃa Éricka, quien al mediodÃa del domingo pasado salió de la Isla Trinitaria hacia la cárcel de varones. Se presume que ingresó con la cédula de MarÃa Eugenia Chuccho Morán, porque fue la única que quedó cuando terminaron las visitas. Conese nombre fue registrada la salida de su cadáver, en la madrugada del lunes. Éricka fue asesinada con un balazo en la cabeza en el cuarto del interno Julio Briones Pinargote, del pabellón Cuarentena Bajo. No obstante, el arma, un revólver Marca Smith Wesson, calibre 378, y su cuerpo tapado con una sábana fueron encontrados a la entrada de ese lugar.
Los guÃas y los internos del pabellón le contaron a la PolicÃa que Éricka se dedicaba a la prostitución y que aquel dÃa, “como es costumbre†se habrÃa quedado ejerciendo su profesiónâ€. El supuesto interno Jonathan Rubén CedeñoTorres, asignado al pabellónRenacimiento, reconoce que mantuvo relaciones con Éricka, pero le dijo a la PolicÃa que ellase suicidó. Pero fue un hombre, que se identificó como Jonathan, quien llamó cinco veces al celular de la casa de Éricka, para anunciar su muerte, en la madrugada del lunes 6, que Rosa y su familia quieren olvidar. Solo piden justicia.
Fuente Diario Expreso.











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