Familiares, amigos, vecinos, policÃas, abogados, testigos, fiscales y jueces convergÃan en un solo punto: el segundo piso de la Corte Superior de Justicia de Guayaquil.
Todos tenÃan un objetivo en común: esperar que los presos asistan a las audiencias de juzgamiento convocadas por los tribunales penales y terminar con ello el suplicio que por meses llevan familiares de las vÃctimas y hasta de los imputados. Los asistentes -en su mayorÃa allegados de los procesados- habÃan procurado llegar temprano a las salas para coger asiento y situarse cerca de ellos. Otros, simplemente para escuchar la exposición judicial.
El reloj marcaba las 09:45 cuando repentinamente en grupos de a cinco, 31 internos de la PenitenciarÃa del Litoral comenzaron a recorrer los pasillos de los tribunales, resguardados por una veintena de guÃas penitenciarios y efectivos de la PolicÃa Nacional.
Cabizbajos y otros sonrientes se repartÃan en cada uno de los cinco tribunales penales, donde sus vestimentas, sin distintivo alguno, los confundÃa con usuarios. Tres de los detenidos, entre ellos una mujer, se dirigieron hasta la sala del segundo tribunal, donde las puertas se cerraron al público por considerarse reservada. El caso:una violación.
Simultáneamente, en la sala de enfrente, otros cinco presos ingresaban también para su juzgamiento. “Son los Alarcónâ€, decÃa en voz baja uno de los presente. Tras de ellos, ingresaba también Roberto Blashke Cerón, quien fue señalado por la PolicÃa como el Rey del estruche. Otros dos detenidos lo acompañaban.
Los tres últimos tuvieron que retirarse luego de que la presidenta del tercer tribunal Penal, Yolanda Sánchez, instalara la primera audiencia por el asesinato de Alan León Tapia y Ãlex Cañar Andrade, ocurrido el 26 de agosto de 2005, en el cantón Samborondón. Solo quedaban los acusados:Washington Burgos MartÃnez, Teobaldo Alarcón Burgos, Juan Oswaldo Yance Torres, Milton Alarcón Burgos y Johnny Rodrigo Alarcón Chichande.
A las 10:00, el gran jurado conformado por tres magistrados, dieron paso a la diligencia. A su derecha se situaron los imputados ya libre de las esposas, acompañados de dos defensores. A la izquierda, el fiscal Marlon Castro y los acusadores particulares, entre ellos Carlos León, padre de una de las vÃctimas.
Al inicio de la lectura del expediente, el juez JoaquÃn López pidió la salida de 2 mujeres que llevaban niños en brazos, una de ellas esposa de un imputado.
El ruido proveniente de los pasillos impedÃa escuchar con claridad a la secretaria del despacho. Pero aquello no molestaba a los abogados de los procesados que intercambiaban criterios.
Tras la lectura, el fiscal Marlon Castro inició su exposición. El timbre de teléfonos celulares interrumpÃa por segundos al funcionario. El juez López, quien estaba atento a cualquier anormalidad, pedÃa que apaguen los aparatos, lo que no se cumplió.
El abogado del acusador particular siguió la exposición. Su voz, aunque grave, provocó más de un bostezo y a ratos sueño. Los detenidos, quienes a ratos sonreÃan, eran los más atentos.
Tras media hora, los testigos de la FiscalÃa, en su mayorÃa los policÃas que participaron en las investigaciones, fueron llamados para rendir su testimonio.
“Jura usted decir la verdad y solo la verdad…  “¡Sà juro!â€, juraba cada uno.
El ruido proveniente de una parte del público que estaba de pie provocó su salida por disposición judicial. La orden se cumplió a medias ante reclamos de que era una audiencia pública. El policÃa de custodia no pudo ejercer un mejor control.
La sala sucumbió cuando el agricultor Duarte Cevallos se levantó exaltado del asiento donde exponÃa su testimonio y se acercó a los imputados para señalarlos de haber masacrado a su familia. Su actitud, que provocó el murmullo y la risa de algunos presentes, dejó al descubierto que no habÃa sido preparado para la diligencia, asà como otros testigos. A su paso siguió Carlos León, quien pidió justicia por su hijo muerto.
Ya el reloj marcaba las 12:15 cuando la presidenta del tribunal decidÃa suspender la audiencia después de cinco dÃas, por pedido fiscal. La sala comenzó a ser desalojada para quedar vacÃa como al principio. (PVC)
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Jueza multa a fiscal por no ir a audiencia
Era la sexta vez que Luis Chávez, acusado de pornografÃa infantil, esperaba en la sala de audiencias del tercer tribunal penal de Pichincha la audiencia de juzgamiento que fue declarada fallida.
Con la mirada en el piso, las manos sujetadas por un par de esposas y la custodia de un guÃa penitenciario, este acusado tuvo que escuchar los reproches de la jueza Gladys Terán por la inasistencia de la fiscal de Delitos Sexuales, Tania Moreno.
Luis Enrique Chávez es uno de los cientos de reos que, a partir del 23 de octubre, pedirá su libertad por haber permanecido un año detenido y no haber recibido sentencia.
La paciencia de la juez terminó con la imposición de una multa a la fiscal y la negativa de recibir una justificación enviada por un amanuense.
El acusado tuvo que regresar al ex penal GarcÃa Moreno a la espera de un nuevo señalamiento. Como él, otros dos presos que habÃan sido traÃdos desde Santo Domingo tuvieron que ser trasladados al ex penal para esperar en cambio que el segundo tribunal penal concluyera una audiencia por violación que se prolongó desde el dÃa anterior.
Los guÃas evidenciaron su malestar porque no es la primera vez que fallan las audiencias en esta semana. (MCV)
Fuente Diario Expreso.











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