Los celos y el abandono son las causas principales de las muertes entre parejas.
Joffre Campuzano prefiere no hablar del tema en presencia de sus nietos, de 7 y 4 años. El corazón todavÃa está muy débil, dice, como para que los pequeños revivan el momento en que su padre, Miguel Agurto Vilela, trató de suicidarse cortándose el cuello tras matar a su mamá, MarÃa Teresa Campuzano Agurto, el pasado 17 de agosto, en una vivienda de la cooperativa Doce de Octubre, del Guasmo Sur.
“Mi nieta (de 7) ya tuvo muchas experiencias dolorosas contándole a los abogados y fiscales cómo el papá le dio nueve puñaladas a su mamá. Ya no quiero que sufra másâ€, expresa el hombre, quien después del crimen llevó a los menores a vivir con él en La Libertad.
En ese cantón también vivió MarÃa Teresa hasta abril pasado, cuando decidió separarse de su esposo y buscar un trabajo como vendedora de ropa en Guayaquil. “Miguel la maltrataba verbalmente porque tenÃa celos, no sé por qué. También era muy descuidado con su familia porque no daba dinero para los gastos de la casa. Pero como no era borracho ni la golpeaba yo mismo le decÃa a mi hija que regrese con él… Nunca pensé que iba a ser capaz de matarlaâ€, manifiesta Campuzano al borde del llanto.
Un hijo muerto es el dolor más grande que alguien puede sentir, afirma, mientras intenta contenerse. Por un momento se queda en silencio.
Para recuperar la fuerza, indica. Esa fuerza que asegura Dios les ha dado a él y a su esposa para no desmoronarse cuando sus nietos se despiertan en la madrugada y gritan, y lloran, y patalean llamando a su mamita. O cuando se queda en blanco tratando de comprender por qué su yerno decidió matar a MarÃa Teresa y condenar a sus hijos a la orfandad, pues aunque todavÃa no haya sido juzgado, Campuzano está convencido de que Agurto estará muchos años lejos de los pequeños, encerrado en la PenitenciarÃa del Litoral.
ESTADÃSTICAS
Desde el 7 de julio hasta el 5 de octubre de este año, de las 40 denuncias por homicidio que reportan las estadÃsticas de la Espol en la ciudad, al menos diez han sido crÃmenes pasionales, según versiones de los familiares de las vÃctimas.
A estas cifras se suman las muertes de Johanna Ushungo, Elsa Ãvila y Wendy Castro, quienes fueron apuñaladas por sus esposos entre el sábado y lunes pasados. César Márquez, asesino de la primera vÃctima, se ahorcó tras cometer el hecho; mientras el agresor de la segunda, Clemente Baque, intentó suicidarse con un cuchillo. En ambos casos las mujeres sufrÃan maltratos constantes de sus cónyuges y habÃan intentado anteriormente alejarse de sus esposos.
Del tercer crimen, en cambio, se conoce que el acusado, Miguel GarcÃa, celaba continuamente a su vÃctima y según versiones preliminares, cometió el homicidio al hallar un mensaje amoroso en el teléfono celular de su conviviente.
Fausto Herrera, jefe de la Brigada de Homicidios de la PolicÃa Judicial del Guayas, señala que los celos y el abandono de la pareja son las principales causas de los crÃmenes pasionales, un delito que aunque, asegura, se mantiene en los mismos niveles que el año anterior, no deja de ser alarmante, pues “revela el alto grado de violencia en el que viven los hogaresâ€.
Segundo Romero, psicólogo de la PJ-G, explica que ese cÃrculo de agresiones se inicia en el noviazgo, cuando el hombre machista y celópata, le impone a su pareja cómo vestir y qué amigos tener. La siguiente fase, explica, ocurre en el matrimonio, cuando la mujer se da cuenta de que está siendo manipulada y empiezan los golpes, insultos y abusos sexuales. Durante esta, agrega, la mujer decide separarse o poner una denuncia contra su cónyuge.
Sin embargo, afirma Romero, su error es que no busca ayuda profesional para superar los hechos y es fácilmente manipulada por su esposo y viene la reconciliación. “Las agresiones vuelven y cuando la mujer quiere librarse nuevamente, ocurre el asesinato ya sea contra ella o contra la persona con la que quiere reiniciar su vidaâ€, advierte el experto. Él afirma que los asesinatos de este tipo, en su mayorÃa, no se dan intempestivamente, sino que son premeditados por el agresor.
Beatriz Bordes, presidenta de la Fundación MarÃa Guare, que trabaja con afectados por violencia intrafamiliar, acota que los más afectados en esas situaciones son los hijos que, dice, acumulan una serie de traumas que les impedirá establecer relaciones sociales y afectivas. “Es como si llevaran una mochila muy pesada toda su vida. Una mochila que puede explotar de la manera violenta como actuó su padre, ante cualquier situación estresanteâ€, dice.
Para evitar estos efectos, indica Bordes, es necesario que el menor reciba un tratamiento profesional. No obstante, reconoce que muy pocos lo pueden obtener por la ausencia de atención gratuita.
“Las organizaciones no gubernamentales hacemos nuestro mayor esfuerzo, pero necesitamos respaldo del Estado para ampliar nuestros servicios y llegar a más genteâ€, recalca la representante, quien recuerda que por la escasez de recursos, en el 2004 tuvieron que cerrar la única casa-refugio de Guayaquil, que su entidad creó en el 2000 para las vÃctimas del maltrato intrafamiliar. “En este lugar no solo le dábamos un lugar donde dormir a la afectada y sus hijos, sino que le dábamos atención integral (médica, psicológica y legal) y además, le enseñábamos un oficio para que consiga trabajoâ€, resalta.
50%
Muertes. La mitad de los crÃmenes de los últimos 3 meses fueron por violencia intrafamiliar y vecinal.
60%
Cuchillos. Es el porcentaje de esos crÃmenes cometidos con arma blanca.
Fuente Diario El Universo.











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