El retiro de más de 18 millones de juguetes de fabricación china, contaminados con plomo, ha tenido un efecto dominó sobre muchos otros productos elaborados en ese paÃs asiático. Las secuelas amenazan con destruir la credibilidad industrial de la nación que se ha convertido en la fábrica del mundo en las últimas dos décadas.
Informe. El bajo precio de los productos de fabricación china seduce a los consumidores ecuatorianos. Los artÃculos asiáticos se cuentan por miles en las perchas de bahÃas y mercados del paÃs.
La industria china enfrenta un fuerte remezón tras la decisión de la empresa estadounidense Mattel de retirar millones de sus juguetes fabricados en el paÃs asiático por estar contaminados con plomo.
La creciente producción china ha influenciado los mercados del mundo, como el ecuatoriano, que a diario reciben cargamentos de artÃculos de alta demanda entre los consumidores quienes se guÃan por el bajo costo y no por la calidad.
En la sureña provincia china de Guangdong, entrecruzada de montañas, planicies y colinas, se produce el 80% de los juguetes que el paÃs asiático exporta al mundo, un mercado que representa un lucrativo negocio de 20 mil millones de dólares al año.
Para que los sueños de muchos niños se hagan realidad, en Guangdong se trabaja dÃa y noche por unos 70 dólares mensuales en jornadas de doce y catorce horas diarias, sin contar con los 60 minutos de anticipación con que llegan los obreros antes de empezar su turno.
“Ellos no tienen sábado ni domingo, son hormiguitas, máquinas del trabajoâ€, dice Genaro Pino, un industrial gráfico afiliado a la Cámara de Comercio Ecuatoriano-China que en abril visitó esta provincia, la tercera en población china, con más de 77 millones de habitantes.
En Guangdong hay factorÃas de todos los tamaños y condiciones, desde pequeños y mÃseros talleres a inmensas plantas industriales con más de 4 mil trabajadores capaces de producir millones de juguetes al mes.
También hay fábricas que se han convertido en verdaderas cárceles laborales, con ventanales enrejados y puertas cerradas con candados y guardianes que vigilan más a los empleados que el perÃmetro de la empresa. Algunas factorÃas no tienen identificación, lucen como inmuebles vacÃos, donde trabajan niños, adolescentes y adultos que no pueden salir de los edificios durante meses y donde los inspectores no suelen llegar.
En las dos mayores ciudades jugueteras del mundo, Shantou y Dongguan, ambas en la provincia de Guangdong, las sirenas anuncian antes del amanecer el inicio de la jornada de trabajo. Estas ciudades están en los lÃmites de Juguetelandia, un área de decenas de kilómetros cuadrados de parques industriales que concentran unas 3 mil fábricas, que son la trastienda de un mundo de imaginación y diversión.
“Hola, soy la cerdita Peppaâ€, repiten una tras otra muñecas rosadas antes de emprender el largo viaje a Occidente.
No importa cuál sea el juguete que pida su hijo este año, las posibilidades de que lleve el sello de made in China superan el 90%.
“Compre lo que usted quiera, vea la etiqueta y va a decir: hecho en Chinaâ€, dice Francisco Pesántez, gerente de compras de Almacenes Pycca, empresa con sede en Guayaquil que dedica más del 50% de su presupuesto a importar productos y juguetes del paÃs asiático.
Las factorÃas chinas comenzaron a crear los juguetes de Occidente a inicios de 1980, pero registró un aumento desde el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) a fines del 2001, una acción que levantó muchas barreras comerciales. Poco a poco, este paÃs se ha adueñado del mercado mundial hasta monopolizarlo por completo.
Por eso, el remezón que enfrenta esta industria a raÃz de la decisión de la empresa estadounidense Mattel de retirar unos 18 millones de sus juguetes (más de 4 mil llegaron a Ecuador) de fabricación china, por estar contaminados con plomo o por tener defectos en sus componentes ha tenido gran impacto. Las consecuencias se han sentido en otros productos como efecto cascada. En las últimas dos semanas, empresarios de Estados Unidos, Panamá, Colombia y Ecuador han retirado del mercado, además de juguetes, llantas, pastas dentales, medicamentos, condimentos y confites cuyos componentes tienen uso industrial y son perjudiciales para la salud. En Panamá, las autoridades investigan desde la semana pasada los casos de 540 personas que enfermaron después de consumir un jarabe para la tos que contenÃan dietilenglycol y que venÃa de China.
En Estados Unidos, un empresario decidió retirar el jueves pasado, por seguridad, 255 mil llantas que habÃa vendido, pues tenÃan pocas bandas de goma, justamente las que evitan que el acero se separe del neumático.
En Ecuador se han decomisado los juguetes con plomo, pero la sensación de desconfianza late en decenas de compradores en bahÃas y centros comerciales. “Ahora uno no sabe si compra o no lo que viene de Chinaâ€, dice Mariana AlcÃvar, quien buscaba cortinas en la BahÃa de Guayaquil. Su preocupación, como la de miles de consumidores, tiene sustento. China es considerada la fábrica del mundo, porque abastece una infinidad de productos a la mayorÃa de naciones en el planeta. “Hay un nuevo jugador en el barrio de los mercados financieros, y quizás tiene más fortaleza (o debilidad, según como se vea) de lo que se estimaâ€, dice Julio José Prado, subdirector del Instituto de Desarrollo Empresarial (IDE).
Se refiere básicamente a las repercusiones mundiales por lo que haga o deje de hacer China. Un ejemplo de ello es la connotación internacional por la contaminación de los juguetes, pues la mayorÃa de paÃses se han visto afectados. “Nadie duda que el viejo cliché se mantendrá: cuando EE.UU. estornuda el mundo se resfrÃa. Lo que pasa es que ahora hay otros paÃses que pueden comenzar a “enfermar†a los demásâ€, comenta Prado.
Con Ecuador, China tiene una relación muy estrecha, más ligada por las compras que hacen los empresarios ecuatorianos que por las ventas a ese paÃs. Según el Banco Central del Ecuador (BCE), hasta el año pasado habÃa un déficit en la balanza comercial de 643 millones de dólares, esto es porque el paÃs compra unos 848 millones al año a China, mientras que apenas le vende a esa nación asiática 205 millones de dólares.
Lo que más le compra Ecuador a China son motocicletas, equipos de radio y televisión, zapatos, juguetes, ropa y artÃculos de bazar, explica Washington Hagó, presidente de la Cámara de Comercio Ecuatoriano-China, quien destaca que lo que más atrae a los empresarios son los bajos precios de la industria china, derivada de la mano de obra barata y los avances tecnológicos que agilitan la producción.
“En China encuentras camisas desde centavos hasta en 500 dólares, es una sociedad de consumo exageradaâ€, refiere Pino.
En las perchas de los almacenes casi todo procede de las factorÃas chinas. Estuardo Sánchez, dueño de una cadena de almacenes en Guayaquil, le compra a ese paÃs juguetes, productos para el hogar, la temporada playera o para Navidad.
“Los precios es lo más atractivo, estos artÃculos cuidándolos y tratándolos bien son buenosâ€, dice Sánchez, y recalca: “En China convergen casi todos los paÃses del mundoâ€.
El gigante asiático no solo ofrece bajos costos, sino también diversidad. Cada provincia tiene una especialidad. Guangdong, por ejemplo, es considerada la vitrina al mundo por sus dos ferias anuales (abril y octubre) en la que expone lo que mejor hace, telas y juguetes.
Shenzheng es la ciudad de la electrónica y las computadoras, Huvei desarrolla electrodomésticos y Daliam tiene centros de investigación en los que busca mejorar la calidad de los mariscos.
Pero el desarrollo ha cobrado un precio muy alto. China se ha convertido, después de Estados Unidos, en uno de los mayores emisores de dióxido de carbono, causante del cambio climático, y según el Banco Mundial tiene 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo. Si antes las afueras de PekÃn estaban llenas de lagunas y sembrÃos, hoy el agua más cercana está a 100 metros bajo el suelo.
Fuente Diario El Universo.











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