La ley dice que pueden acogerse al arresto domiciliario. La realidad es otra.
En el patio del PoliclÃnico de la PenitenciarÃa del Litoral tres reos de la tercera edad descansan en sus colchones bajo una improvisada carpa que apenas los protege del intenso sol del mediodÃa del pasado jueves.
“Cuando salga libre voy a ser presidente del Ecuador y no dejaré que ningún anciano esté en las cárcelesâ€, bromea uno de ellos, Florentino FalconÃ, de 76 años, para amenizar el tiempo de espera del almuerzo.
Según su amigo y compañero de celda, Segundo Justo, de 72 años, en la cárcel no hay hora determinada para comer y los fines de semana –afirma– ni siquiera hay quien prepare los alimentos. “Si comemos es porque otros presos nos dan algo de comida por caridadâ€, indica el reo, quien perdió el contacto con su familia hace 16 meses, cuando fue detenido por tentativa de asesinato a un hombre que irrumpió en su negocio.
Tanto Segundo como Florentino, quien lleva once meses en la cárcel por tentativa de violación a una mujer; y su amigo Gabriel Moreira, quien ha pasado el último de sus 73 años preso por hurto, aún no son sentenciados. “Quizás si tuviéramos a alguien que contrate un abogado para defendernos ya hubiéramos salidoâ€, dice.
En casos como el de Carlos Ortega, de 66 años, la familia poco puede hacer para ayudarlo. “Mis hijos no tienen plata para venir desde nuestra casa (en Naranjito) hasta Guayaquil y presionar al abogado. Por eso, mi juicio está paralizadoâ€, señala el anciano que no ha sido juzgado en los más de dos años que lleva detenido por tentativa de violación a una adolescente.
Según la SubsecretarÃa de Bienestar Social, de los 36 internos adultos mayores que hay entre la cárcel de varones y la de mujeres de Guayaquil, 13 están sentenciados, por lo que, según la ley, no pueden acogerse al beneficio del arresto domiciliario. Los 23 restantes, que aún esperan su condena, sà tienen derecho a esta garantÃa.
Los datos fueron recogidos por disposición del Gobierno al Ministerio de Bienestar Social para estudiar los casos de los presos de la tercera edad en las cárceles de todo el paÃs.
Pero si bien los ancianos desconocen qué acciones se tomarán tras el censo, ya han comenzado a soñar con la posibilidad de tener un juicio justo y hasta con obtener su libertad. “Dicen que ya nos van a sacar de aquÃ. Espero que sea pronto porque con el calor de la cárcel siento que me asfixioâ€, dice el recluso VÃctor Acosta, de 65 años, quien fue detenido hace 2, por intento de asesinato a un vecino.
Él sufre dos de las enfermedades más comunes en la PenitenciarÃa: la hipertensión y dolores reumáticos. A estas, según Victoria Sánchez, médica del PoliclÃnico del centro, se suman la diabetes, los trastornos digestivos y respiratorios, que se producen por la mala alimentación y el ambiente contaminado por los malos olores del humo de la droga, y el sopor. La especialista cuenta que aunque el centro tiene medicinas, le faltan equipos con los que se pueda brindar una verdadera atención a los casi 7 mil reos. “Traemos el estetoscopio particular y nos turnamos para usarloâ€, refiere.
Pese a estas dificultades hay internos a quienes la posibilidad de salir, además de ilusionarlos, los angustia. Eso le ocurre al reo conocido como el Abuelo, Felipe Guaygua, de 82 años, quien fue detenido en el 2003, cuando la PolicÃa lo halló con dos onzas de marihuana, que –asevera– usaba para “calmar el dolor†de sus piernas, ya que padece reuma.
“Cuando me detuvieron, me robaron todas mis cositas. Claro que salir libre es lo que más quiero, pero afuera no tengo nada y a mi edad ya nadie me dará trabajoâ€, expresa mientras se sostiene de las rejas de la cárcel para, a paso lento, subir hasta su celda.
Cifras
182
Ancianos. Este es el número de reos a nivel nacional. De estos, 61 están en Pichincha.
36
Reos. En la cárcel de mujeres de Guayaquil hay 5 ancianas, en la de varones haY 31.
Fuente Diario El Universo.











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