Sep 18
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Carlos Cedeño soñaba con jugar en Emelec; ayer fue enterrado.

San Vicente estuvo ayer de luto. Desde temprano, el dolor y la indignación eran la tónica en el poblado manabita. El epicentro de los lamentos era la sala de velatorios del Grupo de Damas 28.

En el interior  del local  había un  féretro de madera y  en su interior  el cuerpo de  Carlos Manuel Cedeño Véliz (11 años). El menor, hincha acérrimo de Emelec, falleció el pasado domingo, minutos antes del clásico del Astillero en el estadio de Barcelona.

La noticia sobre el deceso se regó en todo el poblado.  El movimiento de gente era inusual y masivo.   Las personas  llegaban de todos lados. Canoa, San Isidro, Briceño, Bahía, Chone, Manta, Portoviejo e incluso Guayaquil…

Los accesos a la ciudad estaban copados. Solo funcionaba una gabarra y ello congestionó el tráfico desde Bahía de Caráquez.

La fila pasaba  las instalaciones del Yacht Club. Por ello, muchas personas   prefirieron usar el servicio de lanchas y dejar sus automotores en Bahía.

“No puedo esperar mucho tiempo, lo mismo me sucederá cuando tenga que regresar”, comentó rápidamente  Rafael Arias amigo de la familia.

En San Vicente, dos carpas para aplacar el sol fueron ubicadas en los exteriores de la sala de velatorios. Allí, en medio de amigos y familiares estaba Jorge Cedeño, primo del pequeño Carlos.

Jorge  dio detalles de la afición del niño por el equipo eléctrico. “Vivíamos juntos en Guayaquil, en lo que va del año no se perdía ni un solo clásico entre Emelec  y Barcelona”, dijo entre sollozos.

El  pasado domingo,  Carlos Cedeño se levantó por la mañana  e hizo una tarea   sobre la historia  de la República de  China.

Según contó  Jorge Cedeño,   Diego, un primo de Carlos, lo llamó por teléfono para acordar encontrarse para ir al Estadio Monumental. Jorge recordó que en la mañana, los ojos del ahora fallecido bailaban. “Me voy al Clásico, no sé ustedes pero yo voy a ir”.

Una vez que culminó la tarea,  Cedeño y sus primos fueron al escenario de El Salado. Como en todos los partidos de su amado Emelec, el menor se enfundó la camiseta azul eléctrica y la lucía orgulloso. Jorge recordó los últimos momentos de su primo.

“Subimos a la suite y todo era alegría. Carlos cantaba: ‘Y ya lo ve… Y ya lo ve… Es el equipo de Emelec. De pronto, él giró su cuerpo y el juego pirotécnico se le clacó en el pecho”.

Los momentos fueron duros para la familia en ese instante. Vanessa, la hermana del fallecido, lo alcanzó a sujetar mientras Carlos se desplomaba.

“Todo fue tan rápido que no nos dio tiempo a nada.  Carlitos apenas vio el partido de la sub-20, ni siquiera empezaba el partido de fondo”, reseñó Jorge.

Las escenas de dolor se repetían alrededor de  la sala de velatorio  en San Vicente. Esto mientras   un grupo de estudiantes del Colegio Militar Miguel Iturralde llegó a rendir honores al joven.

Todos estaban vestidos con trajes de parada. “Era un compañero de  la institución militar”, decía en voz baja, José, un menudo  estudiante de noveno año.

Los familiares más cercanos prefirieron no  decir nada sobre la muerte del menor. Ricardo Andrade, vecino de la familia Cedeño Véliz, dijo que el niño tenía mucho carácter y sobre todo condiciones parar ser un líder.

“Su padre compró  una casa en Guayaquil, quería que todos sus hijos estudien en el Puerto Principal, comentó el vecino.

Carlos Cedeño, padre, es  ingeniero agrícola. Es propietario de  la hacienda La Fortuna ubicada en la vía a Pedernales. Hasta el año pasado, el pequeño  Carlos  vivió con sus padres.  Este año fue enviado a Guayaquil para estudiar en la Academia Teniente Hugo Ortiz.

El muchacho era un apasionado por el fútbol. Jugó en el club San Vicente y aspiraba llegar a las divisiones inferiores de Emelec.

Eduardo Triviño, profesor de la Escuela de Fútbol de San Vicente, recuerda que Cedeño   le encantaba ser un armador de juego.

“Era un volante ofensivo y se desempeñaba muy bien del medio de la cancha  hacia adelante. Tenía un buen manejo del balón creo que estaba por buen camino si llegaba a probarse en Emelec. Ahora nos   quedan las copas y medallas que ganamos con su aporte hasta que estuvo en San Vicente”.

Ayer, hasta la tarde, la familia no decidía si presentar o no cargos judiciales por la muerte. Así lo confirmó el padre de la víctima.

Pese a su afición por el cuadro eléctrico, ayer hasta tarde ningún directivo azul se hizo presente en el velatorio.

El servicio religioso se realizó a las 17:30 y a las 18:10 Carlos fue enterrado. Lucía la camiseta azul de Emelec…

Fuente Diario El Comercio.


Author: Diseño Web Ecuador