
Las mafias en la PenitenciarÃa siguen actuando sin ningún control. Son grupos peligrosos integrados por unos 30 cabecillas, que mandan en esta cárcel, organizan los traslados, extorsionan, trafican, cometen ejecuciones…
Sus lÃderes tienen contactos con bandas delictivas que operan afuera, en las calles, a través de los presos que salen libres. En la ciudad los mafiosos tienen al mando unos 600 miembros, según me han contado algunos internos. Son sacapintas, atracadores, realizan secuestros exprés y sicariato.
Como guÃa yo tengo miedo por todo lo que está ocurriendo, pero me hago el valiente por mi esposa y mis hijos, para que no estén nerviosos y preocupados por lo que me pueda pasar. Para vigilar a los 7 000 presos apenas somos 27 guÃas en cada turno (80 guÃas en total). Cada tres dÃas, trabajo 24 horas en la guardia, tengo un dÃa franco y un dÃa de retén para llevar a los detenidos a las cortes.  Â
Hay muchachos que no tienen dinero y no saben qué hacer con su vida adentro. Son las vÃctimas preferidas de las mafias. A cualquiera que cae preso le meten primero en cuarentena baja, que es un infierno en la PenitenciarÃa.
Desde ahà los reos son enviados a varios pabellones; eso depende del dinero que tengan. Los traslados están a cargo de los caporales, gente de confianza de los mafiosos. Las bandas tienen hombres en todos los pabellones.
Los guÃas y las autoridades no podemos hacer nada por las amenazas. Varios compañeros fueron asesinados.
El sistema de protección y extorsión para quienes llegan es controlado por los delincuentes. Ese es el caso de los empeños. A la gente que viene y no tiene dinero para comprar su seguridad o es recomendado de afuera, la empeñan.
Los jefes de la mafia les transfieren sus deudas para darles protección, les pasan la deuda por cientos y miles de dólares al recién llegado, que no puede negarse  porque lo pueden asesinar.
Es común el tráfico de drogas, de licor, de armas… Hay guÃas, policÃas y empleados que están implicados en las redes de tráfico.
En algunos casos el tráfico de droga y de trago se realiza en conjunto con la PolicÃa. El oficial de guardia ya sabe de antemano lo que va a hacer: coge el dinero y a la gente que lleva la pasta o la marihuana la deja pasar y pide a los guÃas que no les revisen.
La droga llega donde un brujo que la reparte a los jefes de diferentes pabellones para que la vendan. Después, el secretario de los cabecillas recoge la paga y la entrega al jefe. Luego envÃan afuera el dinero para pagar la droga.
Entre los guÃas hay de todo. Algunos son corruptos, otros ayudan y cumplen su trabajo y otros hacen sus revuelos; yo a veces he recibido dinero, cogemos cualquier cariñito, lo que es voluntad de la persona si les hacemos algún favor, no son coimas. Hay compañeros que sà piden dinero por todo.
La PolicÃa hace requisas y maltrata a los internos. Por eso, los presos se apegan a nosotros, porque les damos protección. Los policÃas los golpean y torturan para sacarles información. He sido testigo.
La mayorÃa de directores han tenido temor de las mafias, y poco respaldo de las autoridades. La ex directora Soledad RodrÃguez trataba de acabar con ese sistema; al asumir el cargo dijo que los empeños debÃan eliminarse, habló con todos los caporales y algunos jefes de las bandas. Sus palabras me quedaron grabadas: “no quiero saber absolutamente nada de empeños, vamos a trabajar bien, colaboraré con todosâ€. Después ordenó que transfieran a Quito al jefe de la mafia (El Cubano). Luego de tres semanas, la Directora murió abaleada cerca de su casa.
Fuente Diario El Comercio.











Add