Jul 14
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‘Los policías, guías y empleados son parte de las redes de tráfico’.

 


Las mafias en la Penitenciaría siguen actuando sin ningún control. Son grupos peligrosos integrados por unos 30 cabecillas, que mandan en esta cárcel, organizan los traslados, extorsionan, trafican, cometen ejecuciones…


Sus líderes tienen contactos con bandas delictivas que operan afuera, en las calles, a través de  los presos que salen libres. En la ciudad los mafiosos tienen al mando unos 600 miembros, según me han contado algunos internos. Son sacapintas, atracadores, realizan secuestros exprés y sicariato.

Como guía yo tengo miedo por todo lo que está ocurriendo, pero me hago el valiente por mi esposa y mis hijos, para que no estén nerviosos y preocupados por lo que me pueda pasar. Para vigilar a los 7 000 presos apenas somos 27 guías en cada turno (80 guías en total).  Cada tres días, trabajo 24 horas en la guardia, tengo un día franco y un día de retén  para llevar a los detenidos a  las cortes.   

Hay muchachos que no tienen dinero y no saben qué hacer con su vida adentro. Son las víctimas preferidas de las mafias. A cualquiera que cae preso le meten primero en cuarentena baja, que es un  infierno en la Penitenciaría.

Desde ahí los reos son enviados a varios pabellones; eso depende del  dinero que tengan. Los traslados están a cargo de los caporales, gente de confianza de los mafiosos.  Las bandas tienen hombres en todos los pabellones.

Los guías y las autoridades no podemos hacer nada por las amenazas. Varios compañeros fueron  asesinados.

El sistema de protección y extorsión para quienes llegan es controlado por los delincuentes. Ese es el caso de los empeños. A la gente que viene y no tiene dinero para comprar su seguridad o es recomendado de afuera, la empeñan.

Los jefes de la mafia les transfieren sus deudas para darles protección, les pasan la deuda por cientos y miles de dólares al recién llegado, que no puede negarse   porque lo pueden asesinar.

Es común el tráfico de drogas, de licor, de armas… Hay guías, policías y empleados que están implicados en las redes de tráfico.

En algunos casos el tráfico de droga y de trago se realiza en conjunto con la Policía. El oficial de guardia ya sabe de antemano lo que va a hacer: coge el dinero y a la gente que lleva la pasta o la marihuana la deja pasar y pide a los guías que no les revisen.

La droga llega donde un brujo que la reparte a los jefes de diferentes pabellones para que la vendan. Después, el secretario de los cabecillas  recoge la paga y la entrega al jefe. Luego envían afuera el dinero para pagar la droga.

Entre los guías hay de todo. Algunos  son corruptos, otros ayudan y cumplen su trabajo y otros  hacen sus revuelos; yo  a veces he recibido dinero, cogemos cualquier cariñito, lo que es voluntad de la persona si les hacemos algún favor, no son coimas. Hay compañeros que sí piden dinero por todo.

La Policía hace requisas y maltrata a los internos.  Por eso, los presos  se apegan a nosotros, porque les damos protección. Los policías los golpean y torturan para sacarles información. He sido testigo.

La mayoría de directores han tenido temor de las mafias, y poco respaldo de las autoridades. La ex directora Soledad Rodríguez trataba de acabar con ese sistema; al asumir el cargo dijo que los empeños debían eliminarse, habló con todos los caporales y algunos jefes de las bandas. Sus palabras me quedaron grabadas: “no quiero saber absolutamente nada de empeños, vamos a trabajar bien, colaboraré con todos”. Después ordenó que transfieran a Quito al jefe de la mafia (El Cubano). Luego  de  tres semanas, la Directora murió abaleada cerca de su casa.

Fuente Diario El Comercio.


Author: Diseño Web Ecuador