Aug 02
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¡La casa del horror!

Eran un secreto a voces las agresiones verbales, físicas y psicológicas a los que eran sometidos los menores. La más perjudicada fue Michel, quien se salvó de morir gracias a la oportuna intervención de sus vecinos.

Los vecinos de las calles Nicolás Augusto González y García Moreno siempre se han jactado de ser muy unidos y de vivir en un barrio donde muy rara vez algún escándalo los ha inquietado. Sin embargo, a partir del 23 de diciembre del año anterior todo cambió.

Ellos fueron testigos de una terrible historia de maltratos físicos, psicológicos y verbales en contra de cuatro seres indefensos ocurridos en una casa del sector.

La casa del terror
A la vivienda de doña Alice Peña, que por ocho meses estuvo deshabitada, luego de que el dueño de un billar decidiera cancelar el alquiler, llegó una mujer pidiendo que le arrendaran el inmueble.

La casa de dos pisos de color rosa pálido ubicada casi a mitad de la cuadra, necesitaba ser repintada y reparada por completo, por eso no estaba previsto ponerla a disposición de ningún interesado.
Pero aquella mujer menuda, de físico agradable, muy suelta de palabras, supo llegar al corazón de la dueña del inmueble y logró que le alquilaran la vivienda en 80 dólares al mes. Su justificación fue que sus niños, -dijo tener dos-, no tenían dónde pasar las fiestas de Navidad.

La condición que le impuso una conmovida Alice era que a los tres meses abandonara el inmueble al que ni siquiera tuvo tiempo de quitarle las decoraciones discotequeras que estaban en las paredes y una alarma de incendios desactivada que el antiguo dueño del local había olvidado llevarse. La interesada aceptó la petición, asegurando que se iría una vez que lograra ganar el juicio de una casa en Sauces 6 que estaba en litigio.

Sin pérdida de tiempo, la nueva inquilina quien se identificó como María de Lourdes Tejada León, de 34 años, se fue a vivir a su nueva residencia, a la que más tarde sus vecinos llamarían “la casa del terror”. Fue a ver lo necesario. Unas cuantas cosas, en realidad nada de valor y llegó no con dos, sino con cuatro hijos de 12, 3 y 2 años y otro de apenas dos meses de nacido.
Los tres últimos eran productos de distintos matrimonios. La verdad era que María de Lourdes había procreado 5 hijos. La primera, una adolescente de 15 años, se escapó de la casa, cuando apenas tenía 12.

No aguantó los duros maltratos a los cuales la sometía su madre, quien llegó al barrio diciendo que era abogada de profesión. Ciertamente lo que hacia era trabajar con abogados a los cuales les efectuaba trámites judiciales. Por esa razón sus vecinos la calificaban con desprecio de “tinterilla”.

El repudio hacia Tejada nació a raíz de las constantes palizas que les propinaba a sus tiernos hijos, en especial a Michel, la única mujercita, la mayor entre los cuatro. Sus gritos y maldiciones en contra de sus vástagos eran escuchados a través de las finas paredes de bloques de cemento que dividían las casas aledañas.

Comentarios de vecinos
La dueña de una tienda, cuyo patio colinda con la pared de la cocina de la casa donde habitaba María de Lourdes, dijo sufrir con el dolor de los castigos que recibía Michel. Ella era, según la testigo, la encargada de cocinar, lavar y atender a sus tres hermanitos todos los días que su madre salía a trabajar.

La pequeña combinaba los quehaceres domésticos con las tareas escolares.
“Muchas veces la mamá le gritaba: ¡Michel anda a ver el desayuno! y lo que hacía la niña era comprarme una fundita de café de 15 centavos, una funda de leche de 25 y un funda de avena también en 15, eso creo que era todo lo que desayunaban”, sostuvo la señora quien lamentó que sus denuncias no hayan sido escuchadas a tiempo, pese a que llamó en reiteradas ocasiones a varios medios de comunicación.

Cada vez que se iniciaban los gritos y las agresiones, la señora -quien no quiso revelar su identidad- tomaba varias piedras y las lanzaba contra el techo del inmueble para hacerle ver a su vecina que todos en el sector conocían de sus acciones. Pero aquello en lugar de calmarla lo que hacía era enfurecerla más.

“Ella gritaba con palabras soeces que la dejemos en paz, que la dejemos vivir como le diera la gana, pero era imposible por todo lo que oíamos”, explicó.

Era un secreto a voces lo que aquella madre, quien habría estado acostumbrada a agredir a otros miembros de su familia, hacía con sus hijos. Hubo ocasiones en que Manuela Chalén, desde el balcón de casa, alcanzó a ver, como Michel era constantemente agredida por su madre. Tras los reclamos lo que recibió Manuela fueron insultos.

El último castigo
Con el pasar de los días, los ataques contra los menores eran cada vez peores. Pero nadie podía meterse. Ni siquiera podían sacarla de la vivienda por que la dueña del inmueble había viajado al exterior. Para ese entonces María de Lourdes debía 5 meses de renta que se había elevado, mediante el contrato firmado, a 100 dólares mensuales.

La noche del viernes pasado la que todos llaman “tinterilla” llegó pasada de tragos a la casa en cuyo interior se palpaba la suciedad, el mal olor y el desorden producto de su constante ausencia.

Nuevamente se escucharon los gritos. Esta vez eran distintos e iban acompañados del estruendo de los platos rotos. Eran los gritos desgarradores de Michel que pedía auxilio. Manuela Chalén, vecina de Tejada, al oír el llanto lastimero de la menor, se asomó nuevamente al balcón y observó con estupor como la niña sacaba por la verja, el brazo ensangrentado como tratando de fugar de lo que iba a ser su muerte segura.

Sin saber qué hacer, Chalén llamó a todo pulmón a varios jóvenes que conversaban en la esquina para que acudieran en auxilio de la niña. Trataron de entrar pero se encontraron con el impedimento de un candado. Entonces desde afuera tomaron a Michel y la alzaron con agilidad, gracias a la delgadez de la menor quien aparenta tener tres años menos de los que en realidad tiene, logrando que la pequeña pasara las piernas por encima de las rejas.

Cuando la tuvieron a salvo, observaron que la niña sangraba abundantemente de ambos brazos. Su madre en un arranque desmedido de agresividad le había clavado un tenedor. Aunque en menor cantidad, Michel también sangraba de la cabeza y la oreja izquierda. Un plato de cerámica estrellado en su cráneo le produjo una de las heridas. Los vecinos creen que la madre quiso arrancarle la oreja a su propia hija, quien lleva perenne las infames marcas de aquella demencial noche de horror.
Finalmente habían logrado que se haga justicia, al entregar a la mujer a las autoridades. Michel fue llevada al hospital de El Niño, donde le suturaron las heridas en los brazos, cabeza y oreja. En total fueron 62 los puntos. Los otros tres menores están en poder del Innfa.

Fuente Diario Extra.


Author: Diseño Web Ecuador