Una de las principales causas por las que las víctimas de abuso sexual abandonan los juicios contra sus agresores es la serie de obstáculos que presenta el proceso legal. Los afectados son obligados a recordar y relatar cómo ocurrió la violación al menos siete veces durante todo el trámite.
Esta situación fue la que desanimó a Lucía (nombre protegido) de seguir con el proceso contra el sujeto que en noviembre pasado violó a su hija y dos de sus amigas –todas de 13 años– dentro de la Universidad de Guayaquil. La mujer cuenta que su pequeña le pidió olvidarse del asunto después de que se sometió al reconocimiento ginecológico, en el Departamento Médico Legal de la Policía.
Según ella, las víctimas tuvieron que esperar siete horas hasta ser examinadas. Relata que después de presentar la denuncia, a las 15:00 en la oficina de la Fiscalía de la Policía Judicial del Guayas (PJ-G), las menores tuvieron que repetir cuatro veces su agresión ante los policías, amanuenses y fiscales.
A las 17:00 acudieron al área de Medicina Legal, donde el médico de turno de ese día llegó casi dos horas después.
A las 20:30, cuenta, entró su hija; el galeno le hizo quitarse la ropa y le dijo que se acostara en la camilla ginecológica. “Cuando estaba por verla se puso a hablar por teléfono durante 25 minutos. Mientras, mi hija permaneció con sus piernas abiertas y llorando porque quería irse, bañarse. Fue un maltrato total”, afirma Lucía, quien asegura que durante el análisis nunca se usó el colposcopio.
Este aparato, que es una especie de macroscopio, está lleno de polvo en la sala de reconocimientos, donde hay una gran ventana frente a la cual se ubica la camilla ginecológica.
Juan Montenegro, jefe de ese departamento y quien también realiza autopsias, niega que haya maltrato en la atención. “No se atienden llamadas durante el trabajo”, se defiende.
Pero no solo los retrasos en la evaluación médica es lo que incomoda a las víctimas de violación y a sus familiares. Verónica (nombre ficticio), quien el pasado martes acompañó a su pequeña, de 13 años, a realizarse un examen ginecológico por violación, se queja de que quienes hacen los reconocimientos sean hombres. “Mi hija no quería sacarse la ropa, sentía miedo y vergüenza de ver al doctor. Lo peor es que en el cuarto había otros cuatro hombres (estudiantes de medicina que efectúan sus prácticas) que estaban conversando mientras la examinaban”, señala.
Al respecto, Montenegro sostiene que para un buen examen lo importante es la experiencia del doctor y la confianza que logra en el paciente.
En tanto, la fiscal de delitos sexuales, Cathya Boloña, recuerda que el Código de Procedimiento Penal recomienda que las víctimas de violación sean atendidas por profesionales de su mismo sexo. “No es que un varón no esté capacitado, pero el conflicto emocional que tiene una mujer al ser ultrajada y que luego un hombre revise sus partes íntimas, causa una experiencia traumatizante”, advierte.
Para evitar la revictimización (sentir que vuelve a ser agredida), menciona la agente, se necesita contratar al menos dos mujeres médicos para Guayaquil. También es urgente, dice, que haya psicólogos que acompañen a la víctima y que puedan evaluarla emocionalmente.
Estos exámenes, resalta, son de suma importancia cuando en el abuso sexual no se produjeron lesiones físicas, como la ruptura del himen.
“Muchos casos se quedan en indagaciones porque no hay huellas de abuso. Ahí el análisis psicológico puede ser una prueba”, expresa.
Esta reingeniería de la atención a las víctimas de violación, añade Boloña, se ha hecho más urgente desde que se implementó la oralidad en las audiencias por delitos flagrantes. “Ahora necesitamos tener las pruebas en 24 horas para pedir medidas cautelares para los detenidos”, explica.
Esta reingeniería, agrega, también debe incluir el mejorar las condiciones del Departamento Médico de la PJ.
Fuente Diario El Universo.











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