
Cuando se habla acerca de José Luis Cortázar, los integrantes del equipo de Alianza PAÃS reconocen que es un guardaespaldas muy eficiente. Sobre todo, sabe mantener la distancia con las personas que frecuentan al candidato Rafael Correa, con lo que no les es fácil conseguir información de las actividades de su jefe.
Tiene una montura para sus lentes de aumento, que los hace pasar como gafas para sol; con eso evita mostrar hacia dónde dirige su mirada.
Es el primero en bajar del automóvil en el que se traslada el candidato y le abre paso entre las multitudes. Algunas veces ha tenido que utilizar la fuerza, pero siempre logra separar a las personas que se empecinan en tocarlo.
Ya en el trato con los integrantes del buró de Correa, su carácter casi frÃo cambia y se muestra como una de las personas más animadas en las conversaciones, eso sÃ, una vez que terminó el trabajo.
Cortázar, de 35 años, tenÃa 7 cuando conoció a Correa. Era estudiante del colegio San José La Salle de Guayaquil y habÃa ingresado a la “manada” del Grupo de boy scouts Nº 14 que dirigÃa el ahora candidato presidencial, entonces de 15 años y jefe de la “tropa”.
A los 18 años ingresó a la Marina, donde permaneció por quince años.
Obtuvo el grado de teniente de navÃo (similar al de capitán en el Ejército), pero pidió la baja voluntaria el año pasado.
Hace diez meses se incorporó a la campaña de PAÃS. Inicialmente, Cortázar hacÃa la “adelantada”. Luego fue designado jefe de seguridad.
Por sus funciones, Cortázar dice que se retira a descansar solo hasta una hora después de que el candidato se queda en su casa o en su habitación de hotel; asimismo, tiene que levantarse una hora antes.
Lo mÃnimo que ha dormido son dos horas porque afirma que “el candidato es incansable”; de ahà que suela alternar su custodia con otros miembros de la seguridad y, escondido en uno de los vehÃculos, tome una corta siesta.
Dice el ex militar que a Correa le gusta acercarse a saludar a la gente, por lo cual a veces se complica su protección. En la primera vuelta, relata, debieron usar chalecos antibalas porque asegura que recibieron amenazas.
Cortázar no recuerda ninguna situación de extremo peligro, pero sà una en la que participó en una persecución. En la primera vuelta fueron testigos del atropello a una niña vendedora de periódicos; el infractor -según cuenta- huyó, entonces lo siguió en un vehÃculo y lo detuvieron hasta que llegó la PolicÃa.











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