Todavía vivía en Cuba cuando José Canseco era el niño mimado del béisbol. Imposibilitados de ver las Grandes Ligas, todos los que soñábamos con la mejor pelota del mundo estábamos pendientes de la ”radio de Miami” para saber sobre las últimas hazañas del ídolo cubano.Idolo. Esa era la palabra. No lo habíamos visto conectar un jonrón, pero nos imaginábamos su swing potente y compacto, sacando muchas pelotas del parque de los Atléticos de Oakland junto a Mark McGwire.
Cuando su campaña con 40 bases robadas y 40 cuadrangulares en 1988, Canseco había desplazado de golpe a todos nuestros héroes de juventud y lo habíamos situado en el más alto pedestal posible.
Tengo un amigo que, incluso, enfrentó problemas -estuvo a punto de que lo votaran de la universidad- por colgar en su cuarto un poster con la imagen del jugador nacido en la Habana y descubierto en su talento como pelotero en el Tropical Park.
Queríamos ser como Canseco, parecernos a él. El no se imagina ni por un minuto lo que llegó a representar para nuestra generación en un país donde la prohibición lo único que hacía era agigantar su imagen.
Pero 462 jonrones después, hemos asistido a la descomposición, pedazo a pedazo, del ídolo, a su descenso del pedestal. Canseco ha ido cuesta abajo, aunque él no lo quiera creer, y ha arrastrado en su caída a decenas de jugadores a los que ha expuesto en su libro sobre los esteroides.
Al parecer, ha puesto al descubierto muchas verdades ocultas en el tema de los esteroides, pero eso no le hace menos culpable y, de acuerdo con un viejo código de hombría, hasta despreciable.
Renuente a abandonar los confines de la fama, amenaza con la publicación de un segundo libro donde promete dar más nombres que se sumarían a la lista de la infamia y la duda.
Digamos que le atormentaba un problema moral sobre los esteroides y decidió exorcizar todos sus demonios dándolos a la luz pública, pero sospecho que hay mucho más en sus intenciones que el sólo hecho de sanear al béisbol, porque algún dinero ganó con Juiced y espera hacerlo también con su segunda entrega Vindicated.
Y como si fuera poco, ahora surge la historia de una posible extorsión al pelotero venezolano Magglio Ordóñez, con el fin de que le ayudara a costear un proyecto cinematográfico a cambio de no vincularlo con el uso de sustancias prohibidas.
Para los latinos, y especialmente para los cubanos, Canseco pudo ser algo muy grande, un punto de confluencia y agradecimiento, como puede serlo alguien como Tany Pérez o Martín Dihigo.
Ya no lo será, y es que cuando los ídolos se hacen pedazos es casi imposible recomponerlos.
Diario Nuevo Herald.












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