Dec 31
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Castigo a niños, un mal endémico.

La expedición del Código de la Niñez y Adolescencia y los monitoreos de su cumplimiento no han evitado que en el Ecuador continúe el maltrato a este sector vulnerable de la población.

Cerca de 870 mil niñas y niños en edad escolar crecen con amenazas y castigos físicos; 570 mil no juegan ni se recrean con sus padres, lo que significa que más de la mitad (52%) de niñas, niños y adolescentes crecen en hogares donde reciben golpes, cachetadas, latigazos, insultos, privación de comida, baños de agua fría, incluso la expulsión del hogar, castigos físicos y psicológicos, que van desde la humillación y el abuso de palabras.

Castigo violento
Según informe del Observatorio de los Derechos de la Niñez y Adolescencia del Ecuador, el castigo físico y violento a las niñas y niños es parte del convivir con sus familias y tiende a ser más frecuente en las áreas rurales que en las ciudades, 43% y 32% respectivamente.

 

También señala que el trato que reciben los niños varones tiende a ser mejor que el de las niñas, pero ellos son los más castigados. Esto es ratificado por una publicación del Consejo Nacional de la Mujer (CONAMU), que revela que más del 53% de los hijos varones fueron víctimas de la agresión física por parte de sus padres, como forma de castigo, mientras el 46.4% de las hijas también lo sufrieron.

“El maltrato es un comportamiento culturalmente aceptado en nuestra sociedad, tanto en sectores sociales pobres como en los sectores ricos. El pobre le pega a su hijo porque no tiene de donde privarle; el rico le priva de todas las cosa que sabe que le gustan”, sostiene el antropólogo ecuatoriano Diego Pólit Corral.

En este contexto “el castigo no busca reorientar el sentido de una acción, sino que busca restablecer el principio de autoridad que fue cuestionado con la desobediencia”, afirma Pólit.

Según investigaciones de UNICEF, alrededor de 80 mil niñas, niños y adolescentes mueren todos los años en América latina, como consecuencia del maltrato.

La violencia oculta
La violencia contra los niños se presenta de diversas formas y depende de una amplia gama de factores, desde las características personales de la víctima y el agresor hasta sus entornos culturales y físicos. Sin embargo, gran parte de la violencia ejercida contra los niños permanece oculta por muchas razones.

Una de ellas es el miedo: muchos niños tienen miedo de denunciar los episodios de violencia que sufren.

En numerosos casos los padres, que deberían proteger a sus hijos, permanecen en silencio si la violencia la ejerce su cónyuge u otro miembro de la familia, un miembro de la sociedad más poderoso que ellos, como por ejemplo un jefe, un policía o un dirigente de la comunidad.

El miedo está estrechamente relacionado al estigma que a menudo va unido a las denuncias de violencia, sobre todo en los lugares en que el ‘honor’ de la familia se sitúa por encima de la seguridad y el bienestar de los niños. En particular la violación y otras formas de violencia sexual pueden acarrear el ostracismo, más violencia o la muerte.

La aceptación social de la violencia es también un factor importante: tanto los niños como los agresores pueden aceptar la violencia física, sexual y psicológica como algo inevitable y normal. La disciplina ejercida mediante castigos físicos y humillantes, intimidación y acoso sexual con frecuencia se percibe como algo normal, especialmente cuando no produce daños físicos ‘visibles’ o duraderos.

La falta de una prohibición legal explícita del castigo corporal es muestra de ello. Según la Iniciativa Global para Acabar con Todo Castigo Corporal Hacia Niños y Niñas, al menos 106 países no prohíben el uso del castigo corporal en la escuela, 147 países no lo prohíben en los establecimientos alternativos de acogida y hasta ahora sólo 16 países lo han prohibido en el hogar.

La violencia pasa desapercibida también porque no existen vías seguras o fiables para que los niños o los adultos la denuncien. En algunos lugares del mundo la gente no confía en la policía, los servicios sociales u otras autoridades; en otros, sobre todo en zonas rurales, no hay autoridades accesibles a las que se pueda acudir.

En los casos en que se recopilan datos, no se recogen siempre de forma completa, coherente o transparente. Concretamente, se dispone de pocos datos sobre la violencia en instituciones de acogida y dependencias de detención, ya que, aunque los incidentes estén documentados, la mayoría de las instituciones no está obligada a registrar y dar a conocer tal información, ni siquiera a los padres de los niños afectados.


Código

Prohibiciones al maltrato

>>Art. 67 define el maltrato como toda conducta que provoque o pueda provocar daño a la integridad o salud física, psicológica o sexual de una niña, niño o adolescente.

>Artículo 76. Señala que ningún caso de maltrato podrá justificarse como un método formativo o como práctica cultural tradicional.

>Artículos 41 y 52. Reconocen el derecho de todas las niñas y niños a la dignidad, a la integridad física (art. 50) y a la salud (art. 67); y dispone así la pérdida de la custodia cuando el maltrato es grave o reiterado.

PARA PENSAR

La DINAPEN señala que de enero a mayo de 2007 se reportaron 376 casos de maltrato: 123 físico, 108 físico y sicológico; 4 institucional y 4 a maltrato sicológico.

Fuente Diario La  Hora.


Author: Diseño Web Ecuador