Francisco Moncayo perdió a su hijo Joaquín en un choque.
Foto:EL COMERCIO
‘El 9 de octubre pasado se inició nuestra lucha en contra de los accidentes de tránsito con la muerte de nuestro hijo.
Cuando Joaquín murió a mi esposa Greta y a mí nos tocó hacer un montón de trámites como legalizar para la defunción. Tuve que ir al mismo lugar donde inscribí el nacimiento de nuestro hijo, para registrar su defunción.
Entonces, ambos vimos la necesidad de que se brinde ayuda psicológica, legal y espiritual a las personas que pierden a un ser querido en un accidente. Esto le serviría para poder sobrellevar esta situación que es tan difícil.
El perder a un ser querido provoca un desequilibrio sentimental y mental. Por ejemplo, mi hijo Martín no podía dormir solo durante varias semanas; mientras que mi hija María Fernanda está en tratamientos psicológicos porque ella estaba presente en el accidente. Iban juntos a la escuela.
Este accidente nos ha cambiado la vida. El 80% de nuestro tiempo lo dedicamos a luchar contra los accidentes viales y resto del tiempo lo dedicamos a nuestros trabajos y a otras actividades.
Nosotros no tenemos ningún interés particular, solo queremos que el vacío que se siente por la muerte de un familiar no se repita en más casos. Cuando hay un accidente de tránsito uno no se espera, no es como una enfermedad que ya se hace al dolor, sino que te golpea fuerte y te desubica.
La gente nos dio el pésame y nos llamó, pero en ese momento no se siente nada y el dolor se hace más grande con el tiempo, cuando uno se da cuenta que esa persona querida no volverá. Ahora, para las estadísticas solo somos una víctima más, pero quién se preocupa por los que estamos pasando.
Por eso nosotros (su esposa y él) pensamos ayudar a las otras familias que tienen menores capacidades económicas, que no son escuchadas en la Fiscalía y que no tienen para pagar una defensa, ni abogados para seguir los juicios contra los choferes. Además, confirmamos que en los asuntos de tránsito no hay asesoría legal gratuita, como hay para los casos penales o de la Niñez.
Nuestra labor empezó hace dos meses y vamos a seguir hasta que la ciudadanía se sienta segura de transitar por las calles. Estamos apoyando la Ley Vial y esperamos que se logre un cambio a favor de todos. Queremos que la ciudadanía se encuentre protegida y que el Presidente nos ampare. Entonces ahí sí podremos descansar, sabiendo que nuestros otros hijos pueden salir a la calle sin temor de que algo les pase.
La Ley Vial como está ahora es un chiste, una burla. Se necesitan más sanciones, que haya una licencia por puntos y que desde pequeños se eduque a los niños a ser diferentes, que tengan conciencia de lo que significa una vida.
Por ello, iniciamos el 9 de diciembre pasado una recolección de firmas en Cuenca, luego la ampliamos a Ibarra, Guayaquil y Quito.
Durante este período recogimos 15 000 firmas con las cuales presentamos el proyecto al Ejecutivo y a la Asamblea. Esperamos que se apruebe una Ley acorde a la realidad que se vive en el país.
Yo quiero que no haya más gente que se una a nuestra organización de Familiares de Víctimas de Accidentes de Tránsito, porque así sabremos que hay menos víctimas y familias destrozadas por los accidentes viales”.
Los cambios para Montecristi
Los familiares de las víctimas de accidentes de Tránsito son una de las organizaciones que pretende que se realice un cambio a la actual Ley de Tránsito y Transporte.
Ellos proponen que exista la licencia por puntos, que las sanciones contra los choferes que comenten infracciones sean más fuertes.
Esas dos ideas están recogidas en el proyecto de la nueva Ley Vial que redacta el Ejecutivo.
Otra de las organizaciones que presentarán sus ideas son Justicia Vial y Covial. Los presentantes de ellas, Guillermo Abad y Víctor Jiménez, tienen previsto viajar esta semana a Montecristi.
Abad llevará la propuesta de que se modifique el sistema de juzgamiento de los delitos e infracciones de tránsito. Para él, es necesario reformar el mecanismo, pues los policías se convierten en jueces para determinar las contravenciones y los conductores no tienen derecho a reclamar. Mientras los juicios por los delitos viales quedan en el limbo porque siguen las mismas líneas que los juicios penales. Entonces, los casos de tránsito se vuelven lentos.
Fuente Diario El Comercio.











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