Manda a diez. La orden la dio un hombre, vestido con camisa negra y pantalón camuflado rosado, parado en medio de un oscuro pasillo y, a pocos pasos de donde salÃan desnudos brazos de una reja.
Precisamente por aquella puerta metálica, que amaneció con candado, comenzaron a salir enseguida los reclusos que, en tandas de diez, se formaron frente a una mesa.
En torno a ella, tres mujeres y tres hombres, con formularios y bolÃgrafos en mano, iniciaron el conteo general de los presos de la cárcel de varones de Guayaquil, en el pabellón de Cuarentena. En los documentos consignaron el nombre, la edad, si estaban o no sentenciados y el supuesto delito cometido.
Pero este no era el único grupo de conteo. HabÃa otros con similares caracterÃsticas en los patios y pasillos de los 26 pabellones del centro carcelario que, según los registros el dÃa anterior por los guÃas, tenÃa 5.775 reos. Aquella cifra es la que intentaban confirmar con el conteo general de presos dispuesto por el director de la cárcel, Juan José Hidalgo Huerta, y en el que estuvo presente el ministro fiscal Héctor Vanegas. La autoridad judicial inició una indagación por la sospecha de que los reclusos que hay en la cárcel son mucho menos de los reportados.
Un muestreo realizado en dÃas pasados arrojó que faltaban 336 reos. GuÃas que no quisieron identificarse aseguran que todavÃa están registrándose muertos, prófugos, personas con arresto domiciliario, transferidas a otras cárceles o enfermas en los hospitales. “Hace años, cuando yo entré, ya faltaban como ocho presos. Ahora hay como 60 que yo no veoâ€, dijo uno de los caporales.
Precisamente son estos reclusos de buena conducta, llamados caporales, quienes ayudan a los 120 guÃas a contabilizar a los presos de la PenitenciarÃa del Litoral. Generalmente, los cuentan a dedo y registran las cifras en los formularios que entregan a los 4 supervisores, al coordinador de seguridad y al director.
“Es imposible que un guÃa pueda contar 800 presos, de tres pabellonesâ€, se defienden caporales y guÃas que, portando listados, estuvieron ayer a la entrada de los pabellones que solo fueron abiertos cuando sus ocupantes salieron al conteo. Uno, dos, tres… decÃan los guÃas, mientras palmoteaban las espaldas de los cientos de reclusos que, en fila india, salÃan de los calabozos, unos descalzos, otros sin camisas o cubiertos por toallas o pedazos de desgastadas sábanas, impregnadas de sudor rancio esparcido en el ambiente.
Francisco Mite, de Cuarentena Baja, salió cargado por dos de sus compañeros, con rostros cadavéricos de dormir en pedazos de colchones sobre el piso. Su pierna izquierda está amputada. De allà también salió Washington Poveda, de 31 años. Como no habla, dio sus datos con señales que el personal administrativo tardó en interpretar. Después de recitar sus datos, los reos fueron sentados en el patio para esperar que saliera el último de la celda. Terminado el registro, reingresaron a aquel infierno que, en algunos casos, es estar 348 personas hacinadas en una celda húmeda.
El conteo fue rápido en el pabellón Choferes, donde la cifra del dÃa anterior (232 presos) coincidió. No pasó lo mismo con Cuarentena (Baja, Alta y Comité de Reclusos), en donde solo habÃa 715 de los 799 presos. En el Pabellón 3 Alto contaron a 84, pero debÃa haber 85. El que faltaba, dijeron, estaba en Quito hace 2 años. AsÃ, mientras transcurrÃa el dÃa, el conteo general arrojaba novedades. Al final, 234 presos menos. (RTG)
300 policÃas apoyaron el conteo
Quince camionetas, cargadas con policÃas, ingresaron cerca de las 08:00 a la PenitenciarÃa del Litoral.
El pelotón de uniformados estuvo liderado por dos coroneles y fue asignado para apoyar el conteo general de reclusos, que se realizó ayer en la cárcel de varones de Guayaquil. El proceso comenzó pasadas las 08:00 y culminó en la tarde.
En la primera puerta de ingreso solo estuvieron dos gendarmes, que informaron a los visitantes que la cárcel estaba cerrada porque la orden del director habÃa sido: “nadie ingresa ni a balaâ€.
En la segunda puerta, otros diez policÃas vigilaron la entrada de la prensa, los guÃas y el personal administrativo y de servicio.
Otro grupo estuvo en los techos y la gran parte de los policÃas ocuparon los pasillos y los patios de los 26 pabellones, desde donde vigilaron el movimiento de los reclusos desde y hacia sus celdas.
Fuente Diario Expreso.











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